sábado, 15 de marzo de 2014

ARIADNA : EL ALMA DEL HÉROE


Los mitos representan paradigmas, modelos de conducta para el alma humana. Nos dan claves y modos de realización y de conquista, así como los medios para salvar los obstáculos y vencer la adversidad con la que tendrán que enfrentarse para superarla todos los héroes a lo largo de la Historia.


En el mito de Teseo, Ariadna es “la salvadora”, representa el alma del héroe, la conciencia que le ayudará a recordar, a extraer de la memoria de su historia, la sabiduría necesaria para llegar al centro, vencer al minotauro que habita encerrado allí, y poder salir del laberinto sin quedar atrapado en sus mil pasadizos, vueltas y revueltas.


La conciencia, ese punto de luz de nuestro espíritu, que nos guía y orienta en las tinieblas y que abarca más o menos espacio, según su potencia, se desplaza por nuestros días, meses, años, y vidas…tejiendo un hilo de continuidad de experiencias, el “hilo del espíritu” (Sutratman) lo que permanecerá más allá de la ilusión que nos envuelve, nos forja y nos prueba cada día. En él se van engarzando como cuentas de collar, todas nuestras vivencias más importantes, aquellas que nos darán experiencias, sabiduría. Las perlas de oro que guardaremos, conformando el corazón indestructible del fénix inmortal.

En las pequeñas y cotidianas cosas de cada día el Maestro Cronos lenta e inexorablemente, nos va enseñando a diferenciar lo efímero de lo eterno, en todo aquello que nos rodea dentro y fuera. Vamos educiendo las virtudes latentes en nosotros, que como armas mágicas nuestra alma va conquistado y rescatando entre la arena del tiempo, donde yacían ocultas u olvidadas.


¿Qué quedará de todo lo acontecido o vivido, de las múltiples experiencias por las que pasamos? En el hilo de la vida, en nuestra conciencia quedarán esas cuentas doradas para siempre engarzadas en el collar de nuestra alma, como aquello inmortal que Cronos no puede destruir, devorar, ni matar. Y que a través de él, de su alma que todo lo guarda y lo trasmuta, podremos rescatar como buenos alquimistas. Son las “pepitas de oro”, la sabiduría que nuestra conciencia podrá extraer, paso a paso, entre risas y lágrimas, luchas, esfuerzos y sueños, amores y desamores, encuentros y separaciones, en este gran teatro de la vida. Donde lo que cuenta realmente, es la luz que seremos capaces de conquistar, con nuestra forja y aprendizaje constante. Y la luz que podamos trasmitir y emanar a nuestro alrededor como “pequeñas estrellas” en la noche que nos rodea La belleza, la bondad que nuestra alma deje como estela a su paso, como huella clara a seguir por todos aquellos que marchan por detrás en el laberinto, iluminado con Amor y Valor por el alma de todos los héroes.


También nuestras almas conformarán ese hilo de continuidad, la “senda luminosa de la Vida”, formada por todos los Maestros, héroes y heroínas que han sabido abrir camino al andar. Abrir un camino de luz en medio de las tinieblas del laberinto, para todos sus hermanos más pequeños que vienen por detrás. Enamorados como ellos de la Verdad, buscando, aún sin saber...  el corazón eterno de la Vida, el hogar, la verdadera “patria” del Alma peregrina.
Mª D. Villegas-Nefertum
Madrid, 28/11/05
fragmento de ARIADNA EL HILO DE ORO DEL RECUERDO

viernes, 14 de marzo de 2014

LA EDAD DE ACUARIO; El Gran Año Cósmico y las Eras Astrológicas

"El don del espíritu en Acuario
es el sentido de servicio" 
Rudhyar


La fase de Acuario se extenderá aproximadamente del 2000 al 4200. No esperamos una edad de oro. Es una fase unida a la plasmación de un impulso o de un ideal original; el hombre aparece como portador de un vaso sobre el que se derraman las aguas celestes; se tratará de una liberación de energías cósmicas sobre la Tierra bajo control de la Humanidad. Estas energías será preciso primero recogerlas, e interiorizarlas de una forma simbólica en el vaso. Recogerlas, concentrarlas en un recipiente motor antes de liberarlas para fertilizar los terrenos. Es pues una era de acción y organización, en la cual se impone como prueba el uso controlado de los poderes espirituales que el hombre posee en sí mismo. La cuestión para el hombre en la era de Acuario será ¿Se hará propietario o servidor del Poder?

El riesgo de un resultado negativo a este desafío de Acuario está unido a la polaridad complementaria de Leo, que podrá tornarse posesivo en relación a este poder. En realidad, la gran prueba es aprender a hacerse servidor del poder; para ello es necesario simplemente dejar pasar la energía, trasmitirla de arriba hacia abajo, no desnaturalizarla. El hombre tomará la responsabilidad de la liberación de sus fuerzas y de los resultados producidos.

Se añade así una dimensión importante a la ciencia actual, que representa una liberación de energía a todos los niveles, -como los prueban los descubrimientos científicos extraordinarios-, pero los científicos no siempre asumen la responsabilidad de las consecuencias de sus actos.

El hombre Acuario


Para la era de Acuario, que durará 2000 años, el primer milenio verá el descenso de la energía, y el segundo se plasmará la conciencia de la Humanidad y la cultura típica característica Leo. Pero como esto será dentro de un milenio, nos es difícil ahora decir cuáles serán las características de esta cultura.

Hay dos tipos de individuos que intervienen en el nacimiento de esta nueva era; por una parte, Acuario apóstol; una especie de portador de palabras del nuevo espíritu, intermediarios destinados a la difusión de este espíritu. Están animados por un fervor intenso, generadores, centros de radiación. Forman el germen de la planta que comienza a prender. El modo de expresión de esos hombres no es el pensamiento sino las emociones. Habrá, y quizá ya lo haya, gentes que van a vivir esta energía Acuario a nivel emocional. Están ya “en armonía” con esta energía y la van a dirigir con actos, sin que pasen por el pensamiento. Emoción intensa “supra-racional” de gentes que brillan por los rayos del amor. Expresan una convicción total y están vueltos hacia el porvenir. Son los impulsos creadores.


Existen también “los hombres germen”, que “desarrollan un pensamiento sintético. Tienen una conciencia capaz de abarcar un ciclo entero” y la capacidad de vivir la síntesis de este ciclo, y aportar un fruto que será útil para el porvenir. Su pensamiento se expresa sobre todo por la formación de símbolos, palabras, imágenes, ritos música: es el polo pensamiento-sentimiento. “Dan la representación fundamental de las estructuras de la conciencia, y los apóstoles que vengan después del principio de la era difunden la visión de estas personas-germen”

“Los hombres-germen están constituídos por las personas más completas de los Piscis. Guardan la llama viva o la nota mágica que, liberada, imprimirá su impulso en el era de Acuario”.

En este paso “surgirá probablemente una gran idea universal que habrá asimilado las antiguas ideas”. Lo que es cierto es que iremos hacia algo más universal, más global, mediante la formación de una especie de comunidades gnósticas que se consagrarán a esculpir, a tallar, como se talla una piedra, a los seres humanos con las formas más elevadas del espíritu de Acuario.

Es decir, que a diferencia del sistema colectivista que se instauró en la fase de Piscis, habrá grupos de pequeñas comunidades donde se hará un trabajo individual para formar hombres-lente. Es en estas comunidades donde nacerá el individuo de tipo Leo, y serán célebres los grandes mitos y la cultura del hemiciclo Leo. La llave de esta experiencia será la unidad por la diversidad.






Es necesario orientarse en un nuevo sentido, y esta nueva toma de conciencia se revela urgente, porque es antes de la apertura de un nuevo ciclo cuando las ideas-germen necesarias para el estado siguiente son lanzadas y sembradas en la tierra virgen, antes que el “logos” fecundante descienda del reino divino sobre el hombre, después sobre un grupo de hombre que lo incorporarán y lo manifestarán, al menos para una minoría creadora particularmente abierta. Es necesario prepararse antes. Será una era de poder y de productividad, donde se despertará el potencial de individualidad espiritual y creadora.

Al final del ciclo de las estaciones, todo lo que es hoja, flor y tallo en la planta anual, se desintegra inevitablemente. Sólo quedan las semillas, centros cerrados de donde surgirá la vida. La humanidad actual necesita hombres y mujeres “semillas”, que puedan y quieran asumir la misión sagrada de su metamorfosis, no sólo por su crecimiento espiritual, sino por el bien de la Humanidad.

Para Rudhyar, no es ya tiempo de análisis, de búsqueda o de erudición, sino de un compromiso total de uno mismo, para tornarse en semilla vibrante, dinámica y fuerte de la civilización que nace sobre la tierra Acuario purificada.

La era de Acuario se sitúa en el corazón del invierno y nos sumerge en el desafío de conciliar el frío y el calor, las tinieblas frías del universo y la luz de las estrellas. Esta era nocturna hace brillar el Sol en la esfera invisible y la noche en la esfera visible. Nos dará todo el poder de Dionisos para despertar al nuevo Heracles, el hombre-Leo generoso y unido a la fuente espiritual para ponerse al servicio de la humanidad y ser capaz de realizar en su vida los valores filosóficos de Acuario: fraternidad, igualdad, libertad. Deberá aprender a confiar en la intuición más allá de la razón limitadora y a despertar la chispa de humanidad en el corazón de cada individuo. Deberá redescubrir el sentido del Servicio y de la Fraternidad más allá de los discursos demagógicos. Una nueva unión más abierta y creadora, armonizando los contrarios y abandonando la mortal lucha entre hermanos que han marcado las dualidades irreductibles de la era de Piscis-Virgo.

Una nueva Ciencia que sabrá dominar orden y caos, certidumbre e incertidumbre, emoción e inteligencia, y que gracias a la fuerza innovadora de Urano, “el descontento divino”, permitirá asumir las nuevas formas que tiene que afrontar.


Ruperti concluye invitándonos a crear “grupos de semillas” de donde pueda surgir un nuevo género de Humanidad. Estos hombres y mujeres “semillas” tienen que estar dispuestos a transmutarse, no sólo en función de su propia evolución espiritual, sino al servicio de la Humanidad. Serán necesarios una fe inquebrantable, valor, persistencia, incluso en las circunstancias más difíciles. “Las realizaciones verdaderas no deben alimentar solamente el espíritu, sino también las emociones más profundas, porque lo que importa hoy no es una cuestión de análisis, de búsqueda, de erudición, sino de compromiso individual total.

El hombre de Acuario se caracteriza, como el hombre de Leo, por una individualización completa; sólo el que llega a ser, como Heracles, su propio Sol y su propia Ley, puede participar consciente y voluntariamente en el gran concierto cósmico de las Galaxias (propuesta por Acuario) 


Según Ruperti, "para aplicar de manera eficaz ese poder participativo, es necesario una acción sana. Si nosotros y nuestros hijos perdemos la batalla contra la avaricia, la inercia, la laxitud espiritual, surgen las naturalezas tiránicas. Pero si ganamos, en nombre del espíritu creador que nos lleva interiormente a ser hijos de Dios, nuestra acción será cooperadora y humanitaria. No hay otra elección tan importante de cara a la era de Acuario.


El objetivo de Acuario es hacernos conscientemente tributarios de la vida del Universo y el saber desarrollar la certeza de un Orden Cósmico que pide a cada hombre la realización de su individualidad en el seno de una colectividad."




Recogido del Manual "La Edad de Acuario; El Gran Año Cósmico y las Eras Astrológicas"
de Laura Winckler- Fernando Schwarz

sábado, 8 de marzo de 2014

EL ALMA DE LA MUJER


En las civilizaciones matriarcales la mujer era el centro de la vida, y trataba de que todos estuvieran unidos.

Este papel de eje…centro, núcleo, como reflejan los mitos griegos y romanos, cuando hablan de esa Diosa tan particular del Fuego: está en el centro de la Tierra, en el fuego del altar, en el del hogar, es lo que está en el centro de la casa, en el centro del templo…
¡Y eso es la Mujer!

Me ha llamado la atención una página en un periódico en que aparece el siguiente titular: «Las mujeres avanzan». Sí, es posible. 

Es una larga historia de reivindicaciones, una larga lucha para que la mujer pueda ocupar un papel digno dentro de la sociedad.

Pero no dejo de preguntarme si vamos por el camino correcto, si hemos escogido la vía justa, porque todas estas reivindicaciones piden para la mujer mayor desarrollo económico, mayores posibilidades de trabajo, mayor seguridad laboral, mayor respeto, mayor dignidad…

Pero se trata de un puesto, un sitio dentro de la sociedad, como si fuera nada más que un sitio físico.

Y mi pregunta es ¿vamos por el camino correcto? Porque muy pocas veces se toma en cuenta, además de este sitio, esta dignidad y este respeto, el Alma de la Mujer.

A pesar de todas estas grandes luchas que viene registrando la Historia, sobre todo en los últimos siglos, en el momento actual seguimos registrando quejas, malestar.

La mujer no está satisfecha con el papel que tiene en la sociedad.

No está satisfecha laboralmente, no lo está con sus remuneraciones económicas, y aún desde el punto de vista humano, diariamente podemos recoger en todos los medios de comunicación la cantidad de malos tratos a que se ve sometida la mujer, y sus constantes denuncias.

Si la mujer tiene que conquistar un papel en la sociedad ¿es simplemente una conquista o una reconquista?

Estas reivindicaciones ¿lo son porque la mujer ha perdido el papel que tuvo alguna vez, o no lo tuvo nunca en la Historia?

Pienso que sí lo tuvo, y se trata más bien de una reconquista, de algo que se perdió y habría que ver cómo, cuándo y por qué.

Un somero repaso histórico nos demuestra que en todo momento ha habido ejemplos de mujeres extraordinarias que más allá del tiempo y de las circunstancias han demostrado un valor incalculable, una gran entereza y una capacidad para destacar y ocupar páginas importantes en su momento.


No me refiero sólo a ejemplos individuales, que siempre los hubo, sino que existieron civilizaciones cuyos criterios permitieron a la mujer ocupar un lugar importante, su propio lugar. 
 
Y no solamente aquellas civilizaciones que se destacaron como matriarcados, sino muchas otras que hoy llamaríamos patriarcados y que sin embargo dieron a la mujer un papel sustancial, un papel civilizatorio.

Hoy, a través de los medios de comunicación, de la Literatura, han salido a la luz muchísimas novelas de carácter histórico y semihistórico, donde vuelven a relucir aquellas viejas civilizaciones matriarcales en que la mujer era el personaje fundamental, en que las Diosas eran las deidades fundamentales y en que todo giraba en tomo a esta figura que parecía nuclear a los seres humanos.

No es que la mujer hubiese acaparado el poder y dejase al hombre en un puesto secundario; simplemente tenía su papel preponderante, era el centro de la vida y trataba de que todos estuvieran unidos. Tal vez esto es lo que se haya perdido.

Este papel de eje, centro, núcleo, como reflejan los mitos griegos y romanos, cuando hablan de esa Diosa tan particular del Fuego: está en el centro de la Tierra, en el fuego del altar, en el del hogar, es lo que está en el centro de la casa, en el centro del templo…

¡Y eso es la Mujer!
Ese fuego es Vida y tiene la capacidad de que todo se concentre a su alrededor.

¿Cómo ha ido perdiendo la mujer esta identidad de centro, de núcleo?

Por varias circunstancias, algunas de carácter psicológico, otras de carácter religioso, y otras que son suma de todo ello.

Psicológicamente, se ha hecho excesivo hincapié en el aspecto negativo de lo femenino.

Aspectos negativos los tenemos tanto hombres como mujeres, pero se ha reafirmado que la mujer es pasiva, es poco creadora, posesiva: como no se mueve, quiere tener cosas sin moverse. La mujer es manipuladora para conseguir todo lo que quiere. La mujer es demasiado sensible, demasiado emotiva y voluble, y es variable… Con esta psiquis tan especial, nunca se le puede encargar un trabajo eficaz que se pueda llevar a buen término, porque quién sabe si en mitad del trabajo no se arrepiente y lo deja todo.  Desde el punto de vista religioso -en su interpretación externa, y no esotérica-, se ha hecho de la mujer el símbolo del mal. Yo no sé cómo nos ingeniamos las damas para conquistar ese lugar de pecadoras, de tentadoras… ¿Y todo eso partió de una costilla?  Hay que reconocer que con poca cosa, hemos hecho mucho.

Esto ha llegado a pesar en la psiquis del hombre, y de la Humanidad en general. Es curioso, pero la mujer cuando es joven y guapa es codiciada, y al mismo tiempo se la rechaza justamente porque se la codicia a escondidas.

El que sea joven y guapa, ¿es el símbolo del mal y de la tentación? Sin embargo, si está tranquila y encerrada en casa, cuida de sus tareas y de sus hijos, entonces es buena y tiene aceptación.

Y si ya es una venerable anciana y no molesta a nadie con sus encantos, también se la acepta y se le puede pedir un consejo. Eso no es justo. La mujer es siempre la misma.

Todo esto sumado ha hecho que la mujer, en parte, empezara a dudar de su propia identidad, y empezara a preguntarse: «¿soy buena o soy mala?, ¿realmente hago bien?, ¿qué es lo que puedo hacer?».

Otro hecho que la obligó a perder todavía más su identidad. Encontrándose en inferioridad de condiciones, decidió salir a competir con el hombre

Empezó una larga lucha, no ya por reconquistar su propios valores, sino por competir con lo que el hombre hace en la sociedad.

Y esta larga lucha, sobre todo en los dos últimos siglos, lejos de devolverle a la mujer su seguridad interior, la ha debilitado todavía más.

¿Cómo salió a competir con el hombre? Tratando de conquistar el mismo prestigio social, los mismos puestos de trabajo, éxito, recompensas económicas…

Compite con el hombre pero necesita del aval y de la aprobación del hombre: estas mujeres triunfadoras que destacan en la sociedad lo son siempre y cuando haya uno o varios hombres que las aprueben y que les den el visto bueno: «Eres buena porque has logrado introducirte en una sociedad de hombres, eres buena porque te aceptamos, porque te dejamos trabajar junto a nosotros… eres buena porque reconocemos que tienes responsabilidad, que tienes capacidad».  Es una competencia con dependencia, porque se sigue necesitando de esa aceptación masculina.

Y es una competencia que le hace perder a la mujer sus verdaderas características, porque tiene que luchar, trabajar, conquistar, pelear, como un hombre, no como una mujer. No lo hace como ella es, sino que intenta hacerlo tal y como lo hace el hombre.

Lo curioso es que muchos sociólogos llegan a la conclusión de que esta mujer triunfadora, la que conquista lo que ha soñado, la que tiene un puesto excelente, un sueldo maravilloso, la que es agasajada, respetada, llega un momento en que se pregunta: ¿Y todo esto para qué? ¿Y ahora qué hago?

Porque el problema es que se sigue sintiendo insatisfecha, cansada, siente que abandona el hogar, que le gustaría estar más con sus hijos si los tiene…

Es esa lucha que cuestionaba al principio: ¿Va la mujer por camino acertado? ¿Es su camino competir con el hombre, equipararse al hombre, o recuperar su propias características?

Se habla mucho de la igualdad entre el hombre y la mujer, pero ésta es un arma de doble filo: ¿somos realmente iguales?

Cuando se habla de igualdad quiero entender que no se trata de una igualdad absoluta, sino de una igualdad de oportunidades, por cuanto tanto unos como otros somos seres humanos, y los seres humanos necesitamos oportunidades en la vida.

Y la mujer necesita la oportunidad de expresarse tal y como es, tal y como necesita ser en la vida. En ese aspecto sí creo que debería haber igualdad, pero no de caracteres, ni de formas de ser.

Lo extraño del final de siglo XX es que, intentando buscar la igualdad entre hombre y mujer, se han confundido tanto las características de unos y de otras que hoy es bastante complejo decidir quién es quién, y no me refiero a la apariencia, que es algo muy relativo (a veces hay que mirar dos y tres veces antes de decidir si decimos señor, señora, o perdone usted). La confusión se da en algo más profundo todavía: se cree que difuminándolo todo es como vamos a llegar a parecernos.

Es muy difícil que un hombre hoy pueda definir con exactitud dónde reside su ser hombre, y la mujer en qué cree que reside su ser mujer. Los puntos de referencia son muy relativos y de ahí la confusión: si el uno y el otro no tienen como punto de referencia su contraparte complementaria, es muy difícil definir la propia identidad.

Nuestra mente, nuestra forma de pensar, es siempre dual: entendemos lo que es blanco porque lo comparamos con lo negro; entendemos lo que es el día porque lo comparamos con la noche, y cuando queremos hablar del bien lo tenemos que relacionar con el mal; y así siempre por duplicidades.

Hoy en la sociedad faltan puntos de referencia masculinos y femeninos. Creo sinceramente que no es que la mujer no encuentre su puesto en la sociedad, sino que están todos los valores mezclados.

Hay muchos elementos lo bastante confusos como para que ni siquiera los hombres puedan encontrar su propio papel en la sociedad… y no lo encuentran tampoco los jóvenes, ni los niños, ni los ancianos; más allá de que sean hombres o mujeres hoy es muy difícil encontrar valores dignos y poder situarse de una manera justa dentro de la sociedad.

No creo que esta confusión sea igualdad; esa otra igualdad que buscamos está en elementos bastante más profundos.

Hoy se habla de feminismo y se interpreta generalmente el día de la mujer o las luchas de la mujer como movimientos feministas. ¿Qué son estos movimientos feministas, llenos de buenas intenciones, indudablemente?

Son movimientos de reivindicaciones, de pedir más y más cosas para una mujer que se ha visto relegada durante muchísimo tiempo a un segundo plano, a un plano de dependencia.
Si hay un hombre que la proteja, bien sea su marido o su hijo, todo va bien, pero si no hay un hombre alrededor, ella «no es». Y si no hay alguien que la mantenga, ella «no es», y ante esta situación, lógicamente, hay reivindicaciones por las que la mujer quiere ser como los hombres, reivindicaciones que se transforman casi en revanchismos, en auténticas batallas.
La verdadera conquista de la Mujer reside en descubrir su propia Alma.

Si estableciera un movimiento reivindicatorio para que sea su Alma la que se abra paso -con lo cual también se definiría el Alma del hombre- es posible que todas estas competencias desaparecieran.

Ya no es cuestión de ver si las mujeres podemos hacer los mismos trabajos que el hombre, pues no creemos que haya trabajos propios de unos o de otros. Se viene demostrando claramente que todos podemos hacer más o menos lo mismo y más o menos bien… No hay monopolios de trabajo, lo que sí hay son enfoques diferentes aunque se haga lo mismo. Se enfoca con distintos sentimientos, con distintas ideas, porque es el Alma lo que lleva a enfocar las cosas de otra manera.

Esto nos lleva a preguntamos qué es el Alma. No lo voy a definir desde un punto de vista religioso-teológico, sino más bien psicológico: el Alma es la auténtica entidad, el auténtico ser interior.

Es esa energía que puede apoyarse en lo material pero que tiene la capacidad de elevarse hacia lo superior, hacia lo metafísico, hacia los grandes sueños, hacia los grandes ideales.
En el Alma de la mujer, en el Alma del hombre, existen matices no de diferencia sino de complemento, que podrían conjugarse perfectamente y no oponerse.

Creo que en el Alma de toda mujer hay algo de hombre, y en el Alma de todo hombre hay algo de mujer.

En líneas generales el Alma del hombre tiende notablemente a la acción exterior; la mujer es naturalmente mucho más introvertida.

El Alma del hombre busca el crecimiento, el desarrollo, la expansión de las cosas; la mujer busca conservar las cosas, asentarlas, guardarlas.

El Alma del hombre es impulsiva; el Alma de la mujer es conservadora. El hombre se lanza a la creatividad; la mujer busca la practicidad de las cosas; no es que no sea creativa sino que siempre se preguntará ¿para qué?

El hombre se lanza detrás de las ideas, la mujer detrás de las intuiciones…

Sería estupendo poder conjugar el Alma del hombre y de la mujer, porque entonces tendríamos acción e introspección, crecimiento y salvaguarda de lo que crece. Tendríamos impulso y al mismo tiempo protección de ese impulso; tendríamos creatividad pero buscaríamos la practicidad de lo que se crea. Tendríamos ideas pero apoyadas por intuiciones…
Sin embargo la cosa no es así, no se ha logrado esa conjunción, eliminar la competencia y lograr el acuerdo, el trabajo común, y comprender que hombres y mujeres son absolutamente necesarios porque ambos forman parte de la Humanidad.

Podríamos formular algunos consejos muy simples para la mujer.

En primer lugar, no tratar de ser como los hombres, porque no hace falta ser un hombre para ser héroe, para ser grande; hay mujeres que pueden ser grandes heroínas o guerreras pero tienen que descubrir cuál es su guerra, cuál su campo de batalla y cuáles sus armas, y cuáles sus enemigos.

El problema de la mujer es vestirse de héroe masculino, en cuyo caso está luchando en una guerra que no es la suya.

Lo primero que hay que hacer es aceptarse a uno mismo: ser mujer no es ninguna maldición…

Es más, creo que la Historia nos ha beneficiado ampliamente con un número extraordinario de grandes personajes femeninos, de grandes heroínas en todos los sentidos, y de una gran cantidad de heroínas anónimas que viven todos los días su pequeña batalla con una enorme altura interior.

Otro consejo es no perder la identidad múltiple de la mujer: la mujer no es solamente madre, no es solamente esposa.
Es también amante, y sacerdotisa, y diosa, y heroína, y artista… todo eso está dentro de la mujer; su identidad es múltiple y no tenemos por qué renunciar a ella simplemente por ver si conseguimos un puesto destacado dentro de lo que hoy la sociedad considera destacado.

Desgraciadamente lo más válido de la identidad femenina se pierde.

Si uno no ha encontrado su identidad, buscadla. Algunos sociólogos dicen que para poder encontrarse a sí mismo hace falta realizar un viaje interior.

Aceptarse como mujer no necesariamente en competición con el hombre; no depender del hombre.

Ir a lo profundo aunque esto a veces sea doloroso, porque significa encontrar muchas cosas que no gustan de una misma; pero cuando se encuentran, se pueden corregir.

Ir a lo profundo significa encontrar muchos valores, y encontrándolos se pueden engrandecer, se pueden multiplicar.
¿Qué es el Alma de la Mujer? ¿En qué consiste ese Alma que debe conquistar para recuperar su verdadero papel no solamente en la sociedad sino en la Historia?
Casi todas la Antiguas Civilizaciones, las que más interés pusieron en el papel femenino, han descrito el Alma de la Mujer según cuatro características perfectamente válidas para el momento presente.

Se puede hablar del Alma de la Mujer como Vida, como Energía, como Amor y como Sabiduría. Con estas cuatro características, que son sus verdaderas armas, la mujer es la heroína ideal para salir a su propia batalla.

El Alma de la mujer es Vida en todos los sentidos, no sólo porque la mujer puede dar a luz, sino porque está capacitada para ayudar a vivir, y es la gran educadora.  Ella puede criar, impulsar, inspirar… en sus manos está el dar la vida y mantenerla.
Un gran expositor de los mitos modernos, Joseph Campbell, decía que lo fundamental es que la mujer puede dar vida a un cuerpo, a un Alma, a una sociedad, a una Civilización, pero que si no se le da la oportunidad de otorgar vida pierde su razón de ser.

Necesita insuflar esta vida con su particular forma de energía, que es otra de la características de su alma. Dicha energía no es muy impulsiva, sino más bien una resistencia, una constancia; puede soportar cosas increíbles, como increíble es su paciencia.  Esa es una gran arma para ella, no porque esté oprimida, sino porque es resistente.


Quizá no tiene una gran resistencia física, pero tiene una enorme resistencia psicológica; esa es su Energía, que puede transmitir en forma de serenidad, en forma de fuerza ante las dificultades, ante el dolor.

La mujer es Amor. Sé que todos amamos, hombres y mujeres. Pero el hombre ama de tal forma que incluye el amor dentro de su vida, y la mujer hace del amor su vida.

¿Qué es el amor en la mujer? Un arma de doble filo: si el amor es pequeño, con minúsculas, se convierte en un amor egoísta, posesivo; es el miedo de no ser amada antes que amar, de no ser valorada antes que valorar.

Pero si el Amor se le despierta a la mujer como Alma, entonces es la gran capacidad de unión, es el fuego del hogar, el fuego del centro de la tierra, del centro del templo. La mujer une, tiene la capacidad de cohesionar, de aglutinar, de congeniar personas, almas, de poner de acuerdo a quienes no lo están: su Amor es una gran generosidad.
Su Amor es capacidad de percibir la Belleza, la Armonía, de luchar por la Justicia.

Por eso la mujer es Amor y también es Sabiduría, con una mente práctica y ordenada pero con el discernimiento que la caracteriza. Porque si le preguntamos por qué hace las cosas siempre sabrá contestar.

Y sobre todo tiene una gran fuerza que no debe desaprovechar jamás: su Intuición.

Piensa sintiendo. Sé que a veces se menosprecia esta manera de pensar, pero sin embargo en la mujer, la idea unida al sentimiento, se convierte en intuición y anticipa cosas, las presiente con enorme habilidad: ésta es su Fuerza, ésta es su Sabiduría.

Lo llamamos Intuición más que adivinación, porque no creo que caiga tan bajo como una simple adivinación: ella simplemente «sabe».

En las Antiguas Civilizaciones se hablaba de Iniciaciones femeninas, y hoy, a fuerza de datos confusos, las imaginamos como rituales extraños, plenos de imágenes diabólicas; sin embargo, la gran Iniciación femenina ha sido siempre la conquista de su propia Alma.

Todos los grandes mitos de todas las Religiones lo reflejan así: el Héroe conquista su Alma masculina; la Heroína conquista su Alma femenina.

Y hay mitos que nos hablan de una guerra para el hombre y otra guerra para la mujer.

Cuando un Heracles decide recorrer todo el mundo porque hay doce pruebas que le esperan para salir victorioso, es evidente que enfrenta unas pruebas muy propias de la masculinidad, aunque tengan siempre características transmisibles a lo femenino.

Pero también hay en los mitos una historia típicamente femenina: es la historia de Perséfone, joven encantadora muy apegada a su madre, la Gran Diosa Madre de todos los Dioses.

Un día la Diosa ve cómo su hija es raptada por el Dios del Submundo, de la tierra profunda y de la oscuridad:

Se abre una grieta, aparece el carro de Hades y allí donde estaba Perséfone jugando con sus compañeras, queda sólo el vacío. Perséfone ha bajado al Submundo. Este es el mito de la mujer.

En realidad, no es raptada exactamente. Es su descenso al Alma, su interiorización, su iniciación.

Ella necesita esa introspección, coger semillas del mundo oculto, subterráneo, esotérico, del mundo de los misterios y de los milagros.

Deméter busca a su hija inútilmente, porque ésta sólo saldrá a la superficie de la tierra cuando llegue el momento.

Cuando Perséfone vuelve al mundo le da un abrazo a su madre porque se vuelve a encontrar con la Diosa; pero en ese momento la joven inexperta es una auténtica Mujer: vuelve del submundo con unas semillas de Sabiduría que no podrá olvidar jamás.

En el Submundo ella se ha hecho Hija del Padre, y cuando vuelve a la Tierra es Hija de su Madre: ahora ya tiene consigo a un Dios y a una Diosa. Ha conjugado su gran guerra. No compite con el hombre, ella sabe quién es.

Este pequeño mito revela que muchas de esas historias que creemos para niños, o parte de una mitología sin sentido, reflejan el Alma del hombre, el Alma de la mujer, Arquetipos universales en lugar de los estereotipos o ideas prefijadas con las que hoy estamos intentando salir adelante.

Ha llegado la hora de que la Mujer pida no solamente un día internacional para ella, sino que sepa ser la dueña de sí misma todos los días de todos los meses de todos los años de su vida.

Ha llegado la hora en que se sienta la protagonista de su vida, y sienta que tiene fuerzas y capacidades para hacer muchas cosas por sí misma, con sus propias características…
Sobre todo, que se sienta protagonista con aquello que la haga más grande, más alta y más noble; con generosidad, porque la mujer pide para dar y exige porque siempre sabe tener las manos abiertas.

Si la mujer sabe dar Vida, sabe dar Energía, entonces ella será verdaderamente protagonista, y en vez de esperar a un día 8 de marzo, habrá todos los días un rincón para poder referirse a la mujer, y un rincón para que la mujer pueda vivir armoniosamente con el hombre.

Entonces es posible que hagamos un Día Internacional de la Humanidad, y disfrutemos de esa paz y de esa serenidad que entre Hombres y Mujeres habremos de conquistar, siempre y cuando conquistemos antes el Alma de la Mujer, y por qué no, el Alma del Hombre.



 Delia Steinberg Guzmán

Recogido de la Revista ESFINGE nº 74