viernes, 10 de febrero de 2017

CATÁSTROFES NATURALES

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La pregunta nos asalta de inmediato: ¿Por qué?, ¿por qué pasan estas cosas y justamente allí donde más daño hacen?
No somos expertos en la lectura e interpretación de las Leyes de la Naturaleza, pero podemos, en cambio, ofrecer algunas sencillas hipótesis surgidas de los conocimientos tradicionales.
No debemos creer que estos fenómenos son producto exclusivo de esta época. Han existido siempre, aunque no siempre hayamos guardado memoria de ellos: más bien aquellos lejanos desastres hoy se confunden con mitos. Sin embargo, ¿no fueron cruentas catástrofes las que señalaron el paso de un período a otro de la larga historia del planeta? ¿Qué hay de los rastros de historias según las cuales viejos continentes –como la Lemuria y la Atlántida– fueron tragados por el fuego y por las aguas? ¿Cómo explicar esas violentas glaciaciones que, al parecer, alcanzaron desprevenidos a hombres y animales, algunos de los cuales quedaron congelados mientras hacían la digestión de las hierbas masticadas? ¿Qué fue de tantas especies vegetales y animales desaparecidas de pronto? ¿Y qué de ciudades de las que apenas si quedaron rastros, o a veces ni señales, salvo los relatos de aquellos tiempos? El egocentrismo humano nos hace ver el problema de hoy como el único y el más grande, pero no es así.
Por lo que sabemos, estas catástrofes afectan a varios puntos de la Tierra, sólo que aquellos más favorecidos por su riqueza material se recuperan antes, y la destrucción queda subsanada relativamente pronto, tanto como para que caiga más rápidamente en el olvido.
En cambio, cuando el cataclismo cae sobre las zonas más miserables, la recuperación es lenta, muy lenta. Al menos, y como contrapartida, se despierta la compasión y la solidaridad de los pueblos, se mueven las voluntades de ayuda y los medios de comunicación amplían mucho más el suceso. Es lamentable pensar mal en estos casos, pero no podemos dejar de preguntarnos hasta qué punto algunos de estos movimientos de cooperación no tratan de echar una discreta cortina de humo sobre delicadas situaciones de corrupción social, política, moral, económica, que así quedan relegadas a un segundo plano momentáneo.
La tierra está vieja y enferma; así lo dicen las antiguas tradiciones. Sus síntomas son cada vez más evidentes y lo que vemos como calamidades son apenas las quejas del planeta. Y a ello hay que sumar los efectos nocivos que producen los seres humanos en su inconsciencia y en su ambición desmedida, seguros de vivir sobre una roca insensible e inextinguible.
En un aspecto sí acertamos: en llamar «naturales» a estas catástrofes. No son producto del hombre… hasta cierto punto.
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La Tierra tiene sitios más frágiles; aquellos donde la densidad de población es mayor dentro de un espacio comparativamente pequeño. Esa misma densidad –si no se trata de poderosas capitales– habla de escasos medios económicos, de hacinamiento sin remedio fácil. Cualquier desastre, en estas condiciones, asume proporciones descomunales.
La Tierra tiene sitios «débiles»: istmos, pequeñas franjas encerradas entre dos mares, tierras bajas en hundimiento progresivo, volcanes siempre activos, fallas tectónicas entre placas continentales, ruptura de su capa de ozono, lluvias torrenciales junto a sequías incontrolables, extremos de frío y de calor, fenómenos como el de El Niño que de pronto se agrandan y arrasan a su paso. Si lográramos mirar nuestro cuerpo con los mismos ojos, comprobaríamos que también tenemos algunos puntos débiles donde es mucho más fácil que una agresión o una enfermedad se manifiesten en forma más cáustica.
Hemos perdido el sentido de la geografía sagrada. Hoy se vive y se construye en cualquier lugar y de cualquier manera. Desconocemos aquellos sitios donde las posibilidades de asentarse son más positivas porque allí confluyen energías benéficas de distinto tipo. Se construye según la moda, con unos estilos arquitectónicos que, a pesar de sus sistemas de seguridad, desafían la estabilidad y la estética. O se construyen tristes chabolas que no resisten ni el viento ni la lluvia, porque no hay otra forma de encontrar un techo, si se le puede llamar techo a esas planchas destartaladas.
¿Por qué quejarse entonces si hemos levantado campamentos sobre un hormiguero o sobre un nido de escorpiones sin saberlo? Hace mucho que hemos perdido la capacidad de hablar con la Naturaleza. Justamente, esas gentes sencillas y humildes que antaño sabían mantener ese íntimo contacto, hoy se alejaron y olvidaron aquel lenguaje, cambiándolo por la áspera lucha de clases y por las reivindicaciones airadas que no carecen de razón en absoluto, pero que no establecen ningún vínculo con la Tierra.
Esto no quiere decir que hablar con la Naturaleza sea pedirle lo que debe hacer para que estemos contentos. Significa penetrar en ella, comprenderla en sus expresiones y lograr, por consiguiente, que también nos comprenda. Es crear esa unión entre ambas partes, una amistad recíproca, y no esperar que la Naturaleza esté al servicio permanente del hombre y de sus necesidades y caprichos.
También la humanidad está vieja, cansada, carente de grandes ideales y decepcionada. Claro que existen excepciones, pero lo general es abrumador. Hay tanta violencia sin sentido que no debe extrañar que se ejerza contra los mismos hombres y, por qué no, contra la Naturaleza.
Así como está, sin ningún cambio a la vista, el diálogo entre los dos viejos, la Tierra y la humanidad, es imposible.
Es la humanidad la que debe esforzarse por reconvertir su vejez en experiencias útiles, su decepción en un diálogo con la Naturaleza para saber algo más de sus leyes. Esto no garantiza la desaparición de las catástrofes, pero sí su conocimiento previo, su prevención, la comunidad directa con esa grande y poderosa habitación que nos acoge y la posibilidad real de paliar los males humanos y -por qué no- los de la Tierra.
Después de todo, estas son catástrofes naturales, y todo lo natural tiene también una vía natural de solución.

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Autora: Delia S. Guzman

Recogido de:
http://biblioteca.acropolis.org/catastrofes-naturales/

jueves, 2 de febrero de 2017

El Progreso Interminable-Mitos del Siglo XX

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"La Felicidad no consiste en tener más, 
sino en aprovechar y conformarse con lo que se tiene"
Máxima Estoicos

El término deriva del latín "progressus", que significa simplemente, la acción de ir hacia adelante. Es mera ilusión de los sentidos, beodos de esperanza, el suponer que todo avance es sinónimo de mejoramiento, felicidad y dicha.

La progresión aritmética de 1,2,3,4, etc. no señala que 2 sea mejor que 1. Si humanizamos el proceso es evidente que todo dependerá de la cualidad y no del número, pues sólo un necio ha de preferir que les den 2 palazos y no uno. Y también necio sería quien pudiendo recibir dos beneficios prefiriese uno, si la naturaleza de los dos es semejante.

De la observación filosófica de la Naturaleza deducimos razonablemente que el progreso debe ser armónico, global, ecológico, si pretendemos que sea realmente positivo. Y también inteligente, pues quien marchase siempre en línea recta hacia una pared, sin preocuparse de ver primero dónde está la puerta, se rompería las narices sin lograr continuar su avance. La detención -y aún el volver sobre nuestros mismos pasos- si está dictada por la sabiduría, nos proporcionará más perfección que el avanzar a ciegas, pues la vida es una suerte de laberinto en donde vale más la precaución que la pasión. El mito de Teseo y el hilo de Ariadna es un ejemplo milenario, pero aún válido.

El análisis psicológico de la Historia, parte suficientemente conocida del pasado humano, nos muestra una lucha, más o menos expuesta de dos tendencias igualmente funestas: la una, que teme todo lo nuevo y hace germinar un espeso bosque de inmovilismos de tipo pseudo-religioso o supersticioso; la otra que convierte en marcha lo que los filósofos del Existencialismo llamaron "huida hacia adelante".

Ambas son expresiones de la ignorancia, y de la ignorancia nace el miedo y todas las desgracias del Hombre, como afirmasen hace 2.500 años las enseñanzas de Siddarta Gautama, el Buda.

La inseguridad hace marchar al hombre y la inseguridad le hace detenerse. De estas dos opciones, es interesante analizar la psicología del Medioevo en la llamada "Cuenca del Mediterráneo", cuna de nuestra Civilización Occidental.

Tras el derrumbe del mundo clásico que encarnaba el Imperio Romano, su mismos destructores o cómplices en ello, elaboraron un complejo de culpa que les hizo vivir presintiendo un fin del mundo, un juicio final que consideraban inminente. Por paradógico que parezca y sea, este terror al futuro y a la vez lanzarse hacia él como un acto de suicidio colectivo por no poder soportar la expectativa, pone en conflicto la energía con la materia. El Medioevo nos presenta el pavoroso espectáculo de las más altas espiritualidades conjugadas con los materialismos que se hacen metafísicos en la creencia de la resurrección de la carne.

Pero por otra senda que la de los intelectualismos, siempre utópicos, la corriente de la vida se manifiesta. Se re-inventa y se re-descubre. Hoy sabemos que las herraduras de las caballerías no nacieron en el año 1.000 sino que los romanos ya las empleaban, incluso extra pesadas para afirmar los caminos nuevos, y que fenicios y vikingos llegaron a América muchos antes de Colón. Pero éstos y muchos otros re-descubrimientos aguzan las inventivas, y el justamente llamado "Renacimiento" expresa en su propia denominación todo un fenómeno de reconversión, no sólo material, sino psicológico, mental y espiritual.

Mas el progreso ya no es armónico como en el mundo clásico. Nace el mito de la necesidad del progreso permanente. Y las justas proporciones se dejan atrás en la búsqueda insaciable de una felicidad extrapolada de todo encuadre cronológico y natural.

El individuo es empujado por su circunstancia cada vez más rápidamente y se convierte en multitud. Prima el número sobre la calidad y la rapidez de la marcha sobre la orientación de la misma.

Las máquinas y las nuevas fuentes de energía extra-humanas reemplazan primero las manos del artesano, luego sus brazos y piernas, después su cuerpo todo y rebasa hacia la materialización de lo metafísico.

Los cantos de sirena del confort, de la comodidad, de la inestabilidad, crean la ilusión del progreso. Y cuando éste no nace del trabajo, se fuerza la naturaleza y nace la barbarie del despojo. Pero ya no es el despojo controlado y vitalmente necesario de la vieja horda, sino el más refinado, sutil y peligroso de la explotación de los recursos naturales y humanos sin prever el precio que ha de pagarse por ello. El hombre se vuelve arrogante, prepotente y paulatinamente va escapando de la realidad, de lo justo, lo bueno y lo bello.

Así desembocamos en este siglo XX

Como domados monstruos prehistóricos de incalculable fuerza, las máquinas hacen que el hombre se eleve por los aires, destruya con una mano lo que mil manos hicieron. reniegue de su pasado y se lance al futuro en su salto a la vez glorioso y traumático.

El Hombre-humano se convierte en un monstruoso superhombre hiper dimensionado. Todos los moldes se rompen sin tener aún otros nuevos que los reemplacen eficazmente, pues el Mito del Progreso Interminable ha nacido.

La multitud lanza sus tentáculos hacia adelante y en nombre de la libertad se esclaviza más y más. Para que dos hombres lleguen a la Luna se sumergen millones en el subdesarrollo, la miseria y la infelicidad. Y aun los que llegaron a la Luna tampoco son felices, pues el hombre confundió la potenciación de sus medios con la potenciación de sí mismo.

Mira despectivamente hacia atrás y dice: "Ved, hace 2.000 años un hombre no podía recorrer en una hora más de 30 km. y yo recorro 30.000". Pero no percibe que el auriga de una biga romana no era inferior al actual astronauta. Lo que realmente era inferior era un vehículo, no el hombre.

Ante los genocidios y los holocaustos, ante la explotación y la contaminación  suicida, no podemos afirmar que el hombre actual sea superior al de hace 2.000 años. Más bien parece el mismo, pero más desconcertado y espiritualmente más pobre al depender cada vez más de la materia que cree gobernar, pero que, en cambio, lo está aplastando.

Se ha progresado mucho...pero tan sólo en lo formal, en lo ilusorio y ni esa ilusión puede impedir que, en el momento en que escribo, existan 2.000 millones de seres humanos viviendo en un estado de miseria física y moral que hace empalidecer todo lo que de la Historia podemos extraer. Jamás hubo tantos pobres, tantos hambrientos, tantos privados de pan, trabajo y libertad. Y éstos son más y más cada día. Y los que gozan de grandes beneficios materiales son cada vez menos, y los que tienen paz en sus almas casi se han extinguido.



¡Correr, correr, correr! ¿Hacia dónde?... ¡Qué importa!

El ídolo sangriento del Progreso interminable así lo exige. Hemos inventado un dios loco y debemos mantener su culto. Alimentarlo constantemente.

Hace sólo 50 años se creía que en el siglo XXI no habría guerras, ni más pobres, ni más oprimidos. Hoy enfrentamos la terrible realidad de un mundo encharcado en la sangre y en el lodo.

Mientras que a cientos de kilómetros de altura vuelan misteriosos artefactos portadores de la muerte potencial de toda la vida planetaria, construidos en base a la explotación de los nuevos esclavos, llueven sobre nuestras cabezas pájaros muertos y flotan en nuestros pútridos ríos los cadáveres de los peces. Los suicidios infantiles son cada vez más. Las drogas corrompen nuestra juventud y la pornografía a las personas maduras. El juego, la forma más vil de explotación, está legalizado pues los administradores -pues gobernantes no se les puede llamar- necesitan más y más dinero y energía para mantener el Mito. La Gran Mentira.

La célula fundamental de la Sociedad, la familia, se deshace. Las Naciones se convierten en meros territorios. Las banderas son trapos de cada vez más variados colores. Los templos se llenan de ateos, pues la idolatría del Progreso Indefinido no admite competencias. El que pretende detenerse a meditar es aplastado por el rebaño loco; el que reflexiona y filosofa es escupido y se le acusa de abominaciones.

Urge detener la huida hacia adelante antes de que los mecanismos de seguridad de la Naturaleza borren de un manotazo la presente civilización. Viejos libros nos dicen que eso ya sucedió con otras civilizaciones que se equivocaron, cuyos erráticos hijos, mutados en homínidos; dieron comienzo a otro doloroso ciclo de "Edades de Piedra" que pudieron haber sido evitados pues el Gran Misterio ha puesto en nuestras almas la chispa del discernimiento, de ese discernimiento que hoy, casi destruido, yace bajo las patas de la Gran Bestia, la creación diabólica que se ha materializado en este siglo XX bajo la forma del Mito del Progreso interminable.

¿Aún estamos a tiempo de romper el encantamiento, la pérfida brujería?

Contéstate a ti mismo, lector... Y si una voz interior te dice que sí, no está todo perdido y puedes gritar al Horizonte de la Historia: ¡Soy un Hombre, Dios existe!

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Autor: Jorge A. Livraga Rizzi- 1985
Cruz de París en Artes , Ciencias y Letras

domingo, 15 de enero de 2017

Acción psíquica y Noética o espiritual



"Cada órgano de nuestro cuerpo tiene su propia memoria. Porque cada órgano es dotado con una conciencia "de su tipo", cada célula por necesidad ha de tener otra memoria de su tipo, como igualmente su propia acción psíquica o noética. Respondiendo por igual a la llamada de una fuerza física y de una metafísica, el impulso dado por la fuerza psíquica o psico-molecular) actuará desde fuera hacia dentro; mientras que el de la fuerza noética ¿(podemos hablar de un impulso espiritual y dinámico?) trabajará desde dentro hacia fuera. Porque así como el cuerpo es la cobertura de los "principios interiores (el alma, la mente, la vida), la molécula o la célula es el cuerpo en el cual habitan sus "principios", los átomos inmateriales que conforman aquella célula. La actividad y el comportamiento de la célula están determinados por ellos y es impelida hacia fuera o hacia dentro por la fuerza noética o la psíquica, no teniendo relación alguna la primera con las células físicas propias. Por ello, mientras que la fuerza psíquica actúa de acuerdo a la inevitable ley de conservación y correlación de la energía física, los átomos -no siendo unidades físicas sino psico-espirituales-actúan bajo leyes propias, al igual que lo hace el "Ser-Unidad" (que es nuestra "Mente-Ego") del profesor Ladd, en su ciertamente muy filosófica y científica hipótesis.  Cada órgano humano y cada célula del mismo tienen una tecla propia, como la de un piano, sólo que éstas registran y emiten sensaciones de lo bueno y de lo malo, de producir armonía o desarmonía. Ello depende del impulso dado y de la combinación producida; de la fuerza de accionar del artista trabajando; ciertamente, una "Unidad bifacial". Y es la acción de esta o de la otra cara de la "Unidad" la que determina la naturaleza y el carácter dinámico de los fenómenos manifestados como una acción resultante, y esto tanto si son físicos como mentales, porque toda la vida del hombre está guiada por esta entidad de faz dual. Si el impulso proviene de la "Sabiduría de lo alto", siendo la fuerza aplicada noética o espiritual, los resultados serán acciones acreedoras de una propulsión divina; si proviene de la "sabiduría diabólica terrenal" (poder psíquico), las actividades del hombre serán egoístas y basadas únicamente en las exigencias de su naturaleza física y por lo tanto animal.


Ciertamente este cuerpo, tan profanado por el materialismo y por el mismo hombre, es el templo del Sagrado Grial, el Adytum del más grande de todos los misterios de la Naturaleza en nuestro universo solar; ese cuerpo es un arpa Eólica, provista de dos grupos de cuerdas, unas hechas de plata pura, y otras de tripas de carnero retorcidas. Cuando el aliento del divino Fiat se mueve suavemente sobre las primeras, el hombre se convierte en semejante a su Dios, pero el otro juego de cuerdas no lo siente. Este necesita la brisa de un fuerte viento terrenal, impregnado de efluvios animales, para que sus cuerdas se pongan a vibrar.  La función de la mente inferior y física es actuar sobre los órganos físicos y sus células; pero es únicamente la Mente superior (Manas)* la que puede influenciar los átomos que se mueven en aquellas células, cuya interacción es la única capaz de excitar el cerebro, a través de la médula espinal central, para una representación mental de las ideas espirituales que se encuentran mucho más lejos que cualquiera de los objetos de este plano material.

Los fenómenos de la conciencia divina tienen que ser considerados como actividades de nuestra mente en un plano más alto y distinto, trabajando a través de algo menos substancial que las moléculas en movimiento del cerebro"


El Manas superior* es el "Espectador silencioso, el Manas inferior o Kama-Manas es su representante, es ciertamente un déspota tiránico.


Esta "Mente es Manas" o -más bien- su reflejo inferior, que siempre que se desconecta momentáneamente de Kama se constituye en la canalizadora de las más altas facultades mentales y es el órgano del libre albedrío en el hombre físico.




H.P.Blavatsky -fragmentos "Estudios sobre Ocultismo"

sábado, 14 de enero de 2017

La Biología de la Transformación





"La buena noticia es que ninguna persona o sociedad se ha recuperado de la enfermedad y el caos para adoptar la tranquilidad y el orden sin reconocer y diagnosticar primero la existencia de la enfermedad.

Resultado de imagen de imagenes de Bruce H.LiptonEl secreto es la utilización de armas de distracción y de decepción masiva para dominar sin dejar las reveladoras huellas de una dictadura. La frontera final para el control planetario no es el espacio exterior, sino la mente interior.

El poder ha evolucionado desde la fuerza bruta al poder económico y luego a una combinación de ambos. Los poderosos maestros de la nueva era de la información han descubierto cómo llegar a las partes más íntimas de tu conciencia para moldear tu vida sin que te des cuenta.

Además de nuestra bondad y nuestro deseo de conectar con los demás hay algo más de lo que nos quieren alejar, quizá lo más importante de todo. Se trata de nuestro propio poder, empezando con el poder para reprogramar nuestras vidas y las formas de pensar que ya no sirven.

Combina el poder de los comerciantes y el de las corporaciones, súmalo al poder del ejército más formidable de la historia mundial y tendrás una máquina implacable sin conciencia que engulle los recursos del mundo en una operación de miería sin precedentes.

En su libro: Confesiones de un gánster económico: la cara oculta del imperialismo americano, John Perkins describe como los bancos y sus compañías colegas consiguen miles de millones a expensas de los pobres. ¿Cómo? Pues prestándoles mucho más dinero de lo que un país en desarrollo puede devolver y apoderándose después de sus recursos económicos cuando no logran pagar.

La primera causa de muerte (o la tercera) en Norteamérica no es el cáncer, ni las enfermedades cardíacas, sino la práctica de la medicina...

La industria farmacéutica es una de las empresas más rentables del mundo...


Desde 1948, EEUU ha gastado quince billones de dolares en la industria militar.


Por tanto, el nuevo código moral basado en la ley de la selva ha sido casi esculpido en piedra: "Mentirás, engañarás y harás todo lo que puedas para conseguir lo que quieras en tu búsqueda de la felicidad" 

Bernays fue la primera persona que comprendió y aplicó la programación subconsciente al arte y la ciencia de la comunicación de masas. Pensaba que las masas eran "un rebaño que necesitaba ser conducido" y escribió con franqueza, en su libro Propaganda, sobre su misión de "controlar a las masas sin que se enteren"

Aunque casi todos los países forman parte de estas poderosas entidades,(BM Y FMI) los críticos mantienen que su objetivo fundamental es sustentar los negocios estadounidenses alrededor del globo, y que sus políticas y acciones contribuyen en realidad a la pobreza mundial, ya que mantienen a las naciones en vías de desarrollo en un estado de deuda permanente" 

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Después de todo, el primer paso en cualquier programa de recuperación es reconocer la realidad tal y como es. Por esta razón se trazan mapas con un indicador de "Estás aquí". Y el lugar en el que se encuentra la civilización en estos momentos...bueno, no es sitio muy agradable. Esto se debe en gran medida a la demencia institucionalizada que ha creado la sociedad apoyando y manteniendo esas creencias disfuncionales y obsoletas que nosotros hemos definido como las cuatro percepciones míticas del Apocalipsis:
  1. Sólo importa la materia
  2. La supervivencia de los más fuertes
  3. Está en tus genes
  4. la evolución es aleatoria
  • La creencia de que sólo importa la materia ha dado alas a los comerciantes del templo.
  • La creencia en la supervivencia de los más fuertes ha impulsado el mínimo común denominador
  • La creencia de que todo está en nuestros genes ha creado un sistema de salud enfermizo
  • Y la creencia de que la evolución es aleatoria  ha llevado a la creación de armas de distracción masiva diseñadas para evitar que la gente utilice los poderes inherentes que le ha otorgado la Naturaleza.
Aunque cada una de esas creencias pareció lógica en su día, la nueva ciencia revela que ninguna es cierta. Esos paradigmas fracasados mantienen en su lugar de forma inconsciente las disfunciones actuales que amenazan nuestra supervivenciaUna vez que nos liberemos de esas falsas percepciones que nos limitan estaremos ante un nuevo mundo de posibilidades y oportunidades. El pensamiento radical abrirá las puertas a un futuro inminente que ni siquiera podemos imaginar.

Sin prisa pero sin pausa, un nuevo dios, uno con un tremendo poder temporal, asumió el dominio e introdujo la profana trinidad del materialismo, el dinero y la industria. No sólo adoramos las cosas materiales, sino que las consideramos nuestro salvador

Poner en práctica la evolución, aprender las lecciones de las viejas historias para no repetirlas y recordar que la masa crítica de seres humanos implicados en esta evolución cambiará el mundo de dentro a fuera

No hay más remedio que seguir adelante. Y seguir hacia delante requiere que estemos preparados para volvernos cuerdos."

La sociedad humana debe adoptar un nuevo paradigma de relaciones sociales y económicas. Por paradógico que parezca, este nuevo nivel de conciencia cooperativa implica la máxima expresión individual y el máximo beneficio para el todo. Tan sólo la reconciliación entre estos términos malinterpretados como opuestos puede dar origen al ser humano desarrollado que, según los grandes Maestros espirituales, es nuestro destino."



Dr. Bruce H. Lipton
fragmentos de: LA BIOLOGÍA DE LA TRANSFORMACIÓN

Ante la ONU la niña que dejó en silencio a todo el mundo

LIDERAZGO CREATIVO



Como nunca antes en la historia, el destino común nos llama a buscar un nuevo comienzo.

La vida a menudo conduce a tensiones entre valores importantes.

Se debe buscar la manera de armonizar la diversidad con la unidad; el ejercicio de la libertad con el bien común; los objetivos a corto plazo con las metas a largo plazo. Todo individuo, familia, organización y comunidad tienen un papel vital que cumplir. Las artes, las ciencias, las religiones, las instituciones educativas, los medios de comunicación, las empresas, las organizaciones no gubernamentales y los gobiernos están llamados a ofrecer un liderazgo creativo.

SIN PASIÓN LAS COSAS NO FUNCIONAN"



Leila Navarro- fragmentos "TALENTO A PRUEBA DE CRISIS"

miércoles, 11 de enero de 2017

La Misión de la Filosofía


La facultad de contemplar la realidad de un modo directo e inmediato, sólo a Dios pertenece; la aspiración a este conocimiento constituye lo que se entiende verdaderamente por Filosofía: el amor a la Sabiduría. El amor a la Verdad es inherentemente el amor al Bien, que dominando a todos los deseos del alma, purificándola, y asimilándola a lo divino, gobernando así todos los actos del individuo, eleva al hombre hasta la participación y comunión con la Divinidad y le restaura en su semejanza a Dios.

Dice Platón en el Teeteto: 
Esa elevación consiste en hacerse semejante a Dios y esa asimilación es haber alcanzado la Justicia y la Santidad con la Sabiduría.

Siempre afirma que la base de esa asimilación es la preexistencia del Espíritu o Nous. 

La actual vida terrestre es una caída y un castigo. Habita el Alma en el "sepulcro que llamamos cuerpo", y en ese estado encarnado, y previamente a la disciplina de la educación, el elemento noético o espiritual está dormido.

La misión de la disciplina filosófica es la de salvar el Alma de la esclavitud de los sentidos y elevarla hasta el Empíreo del puro pensamiento, hasta la visión de la Verdad, Bondad y Belleza eternas, uniéndola así al Espíritu "



fragmentos H.P. BLAVATSKY