miércoles, 17 de abril de 2013

EL OJO DE LA ATENCIÓN



“Hay un lado positivo en
la energía de cada emoción”


Rimpoche


Nuestras emociones y momentos más oscuros pueden ser una oportunidad para el crecimiento espiritual. Este proceso difícil, dará buenos resultados en cuanto a conocernos mejor a nosotros mismos, si trabajamos con una atención consciente, juiciosa. Esa que genera un espacio de claridad que emerge cuando apaciguamos la mente, aportándonos discernimiento y el poder ser receptivos a los mensajes que surgen desde ese lugar secreto, que todos tenemos en nuestro interior, de donde nos llegan las mejores soluciones siempre.



La atención consciente y sostenida nos dará la posibilidad de “ver las cosas tal como son en cada momento”, viéndolas como son y definiéndolas por su nombre les “arrebatamos su poder” sobre nosotros, el control que ejercen sobre nuestra conciencia.



Para poder cambiar necesitamos empezar por aceptarnos como somos y querernos, para impulsarnos positivamente hacia una superación que conocemos positiva y buena. Que requerirá paciencia y perseverancia, pero que nos otorgará confianza en nosotros mismos, valor y seguridad.



A través de la atención consciente y sostenida, iremos observando los cambios pertinentes, sin juzgar, culpar, ni condenar. Simplemente asimilando experiencias, enriqueciéndonos con el conocimiento de todo lo que vivamos externa e internamente. Sin evitar la verdad de cada momento. Nuestro interés en conocer como son realmente las cosas, la sostendrá y mantendrá presente. El valor para ver las cosas como son y reconocerlas es fundamental, sin valor la Luz no puede crecer, ni nosotros podemos “atrevernos a ver”. Necesitamos una conciencia testigo, para enfrentar la experiencia tal cual es, ecuánimemente, gracias al valor para captar la realidad del momento, su oculto mensaje.



Este testigo neutral que será nuestra conciencia atenta y observadora, surgirá de nuestra tranquilidad, del aquietamiento de nuestra mente, de este modo podrá presenciar lo que pasa en la mente, en la psique, siendo consciente de todo lo que aparezca, sin reaccionar, sin identificarse con ellos, llegando a una escucha profunda de los mensajes de la vida, de nuestra voz interior.


Hay que ver los pensamientos, las emociones como nubes que pasan, como cauces de agua que transcurren, como corrientes de energía que nos penetran, produciendo sus efectos y que se disipan, se van con el tiempo, si no nos aferramos a ellas. Mirar con interés las tormentas, los vientos que se desencadenan. Ver con precisión, sentir, aceptar su presencia, investigar su origen, su fuerza, sus efectos, descubrir como lograr no ser controlados por ellas, trasmutándolas en otras superiores más positivas. Conociendo el mundo de la psique tan poderoso, así como otras fuerzas que  aunque más serenas, no son por eso menos útiles, al contrario,  será con ellas que podremos equilibrarla, sanarla e iluminarla.


Los pasos a seguir para modificar nuestras emociones:


1)      Ser consciente de lo que realmente ocurre


2)      Estar presente y atento, sin identificarse con ellas


3)  Anotaciones (escribirlo para tomar conciencia, apresarlo, poder observarlo objetivamente y trasformarlo)



El camino para sanarnos, requiere dejar al descubierto esas verdades incómodas, que nos negamos a ver de nosotros mismos, de modo que podamos explorarlas. La atención consciente es “fresca, está alerta y no opera automáticamente” Es el “Ojo” que una vez abierto en nuestro interior, nos otorga la posibilidad de la trasformación y autodominio. Encarna el poder de la mente para conocerse a sí misma. Ella nos mantiene en contacto con la honestidad, con ese “testigo” interno que sólo sabe de autenticidad y de verdad.


Las respuestas automáticas, los hábitos adquiridos, han surgido de ese “surco fijo” que se va forjando, usando un circuito particular del cerebro, que hace así  cada vez más fuertes sus conexiones. Esa red de conexiones va a prevalecer y se convierte en una respuesta automática (esquema)  en nosotros.


Los esquemas (traumas) fijos son hábitos de la mente bien aprendidos, son las deformaciones que tienen las lentes de nuestra mente para ver la realidad interior o exterior, que de este modo, captamos deformada. Igualmente nuestras reacciones negativas son automáticas, producto de esquemas (hábitos) aprendidos para defendernos. Un esquema es un poderoso conjunto de pensamientos y emociones negativas. Los esquemas (fijaciones) dictan su propia realidad. Lo que parecen las cosas cuando estamos bajo su hechizo. Hay que descubrir y reconocer estos patrones ocultos para poder ver las cosas como son en realidad. Gracias a una percepción más clara, plena y aguda. Lo que parecen las cosas para nosotros depende de las lentes o filtros (esquemas, hábitos, miedos) a través de los cuales vemos esa realidad interior o exterior. Así percibimos el mundo deformado, teñido de nuestras emociones.


La realidad psicológica de la persona, la conforman las costumbres fijas de la mente. Los hábitos negativos de la mente o “aflicción mental”, es la distorsión mental que perturba el equilibrio de la mente, produciendo muchos de nuestros problemas.

Empecemos por detectar en nosotros:


1)      los estados mentales saludables, que conducen a la paz interior


2)      Los insalubres, que conducen a la perturbación mental



Las lentes mentales hacen que las cosas parezcan muy diferentes de cómo realmente son. Deforman la atención, la memoria, la percepción, para encajar así nuestro prejuicio mental, encargado de sostener nuestras “mentiras”. Prisioneros de ellas, no podemos salir de nuestra “nube”, de nuestras “ilusiones” o fantasías, que siguen dando forma a nuestra manera de ver e interpretar  nuestra vida entera.



Hay que poder y saber explorar esas nubes mentales o nieblas emocionales que oscurecen nuestra visión y cubren nuestra verdadera naturaleza. La atención consciente nos dará una perspectiva más amplia. Logrando, poco a poco, elevar nuestra conciencia por encima de nuestros miedos y poniendo Luz en nuestro interior, para “Ver” y mirar las cosas, desde arriba,  como realmente son, sin miedo, con el Valor de poder llamar a las cosas por su Nombre.


Conseguir liberarnos de esas prisiones psíquicas o mentales, es sumamente importante para alcanzar la verdadera libertad, comprendiendo cómo llegamos hasta ellas y cómo salir de ese oscuro laberinto. Debemos emprender el viaje hacia el centro o la salida, con optimismo y perseverancia, conscientes de que en el descubrimiento de nosotros mismos hay un tesoro esperándonos que nos pertenece, nuestro Yo verdadero. Que descubriremos, si como auténticos héroes en la conquista de nosotros mismos, logramos con Valor, humildad y una buena guía, ir atravesando puertas y más puertas, levantando velos y más velos, disipando nubes y nieblas,  que simplemente nos separan del que somos realmente.


Como en los viejos mitos, para conseguirlo el héroe que duerme dentro, debe “despertar”, retomar sus armas mágicas, emprender el viaje entre las nieblas y disiparlas con voluntad y luz, curando viejas heridas que nos sangran y debilitan, o como dirían otros “matando” al monstruo interno venciendo nuestros propios miedos. Y cómo no, no olvidemos que también existe aquella vieja fórmula de la princesa que besa al “sapo” transformándolo en príncipe. Y es que todo defecto puede transformarse con alquimia interna en una virtud. Como el carbón que con el paso del tiempo puede llegar a ser un bellísimo diamante transparente a la Luz.




Mª D. Villegas (Nefertum)


Fragmento de mi libro: LA ODISEA DEL ALMA© 2013
Madrid 24/3/06