domingo, 10 de agosto de 2014

MICROBIOS DEL PLANO ASTRAL: VIRUS, BACTERIAS, BACILOS



"El mundo invisible no es un espacio vacío, y es peligroso aventurarse sin preparación previa por estas regiones. En el mundo invisible flotan, también, criaturas monstruosas producidas por los pensamientos y los sentimientos de los criminales y de magos negros, que tratan de colarse por todos los sitios en donde encuentran la puerta abierta, es decir, en todos los seres débiles e incapaces de defenderse.


Yo creo en el mundo invisible, e incluso, sólo creo en él; toda nuestra existencia está regida, impregnada por el mundo invisible. hasta nuestras sensaciones de bienestar y de gozo, lo mismo que nuestras sensaciones de sufrimiento y de pena están relacionadas con la presencia de criaturas invisibles a las que atraemos con nuestra manera de vivir. Diréis: No las vemos, y, por tanto, no existen. Escuchad, ¿acaso podemos pedirle a un ciego que se pronuncie sobre lo que no ve?


Evidentemente, en el siglo veinte, las celebridades intelectuales y médicas no pueden admitir la idea de que hay entidades benéficas o maléficas que visitan a los humanos para ayudarles, consolarles, o, al contrario, para atormentarles y destruirles. En su opinión, se trata de elementos químicos que perturban o restablecer el buen funcionamiento del psiquismo. Pues bien, es cierto, que son elementos químicos, pero ¿de dónde vienen? Estos elementos químicos son la concreción de la presencia de espíritus benéficos o maléficos atraídos por el hombre mismo. Si los humanos, con sus debilidades, sus transgresiones, abren la puerta a las entidades tenebrosas, éstas entran en ellos y producen trastornos que los psicólogos, los psicoanalistas, bautizan con toda clase de nombres, pero que, en realidad, tienen un sólo y único origen: la presencia de indeseables, atraídos por nuestra manera defectuosa de vivir.


Todos estos organismos (los indeseables) microscópicos que no cesan de amenazar y de aniquilar a los humanos. Llámense microbios, virus, bacilos, bacterias, ¿cuánto tiempo hace que los biólogos han logrado detectarlos gracias a sus microscopios? Apenas hace algo más de un siglo, antes de su descubrimiento, las enfermedades se atribuían a las causas más inverosímiles. Ahora, se sabe que las enfermedades tienen por causa todos estos "bichos" cuya naturaleza no ha sido muy bien identificada todavía. Pero los resultados están ahí; enfermedades, muerte. Pues, bien, lo que sucede en el plano físico, sucede también en los planos astral y mental, y los resultados también están ahí: angustias, tormentos, obsesiones, locura. Sólo que todavía no se tienen microscopios suficientemente perfeccionados para poder detectar estos virus del plano astral y mental.


Como no ven estos microbios del plano psíquico, que son los indeseables, tampoco toman ninguna precaución. Quizá venga pronto otro Pasteur con nuevos descubrimientos gracias a los cuales se podrán ver las entidades astrales que saquean a los humanos imprudentes. Mientras tanto, es preferible admitir su existencia, y, sobre todo, aprender a protegerse de ellos llevando una vida razonable y sensata.


Hay que ser muy fuerte, poseer un aura poderosa y saber trabajar con la luz y con los colores para estudiar estas entidades sin peligro.

Hay que realizar un trabajo de purificación y de elevación interior que os permita resistir los asaltos de las fuerzas oscuras. Haced primero el esfuerzo de subir, de conectaros con la luz, de proyectar esta luz a vuestro alrededor.

Si verdaderamente queréis entrar en comunicación con el Cielo, esforzaos en escalar primero las cimas de vuestro ser interior.

Como Ulises, un verdadero instructor, que conoce la realidad de las cosas, procura poner a sus discípulos en guardia contra las trampas del plano astral y llevarles más lejos, más arriba, para descubrir las únicas realidades que vale la pena descubrir; los esplendores del mundo divino, la región del Sol, en la que todo es límpido y luminoso.

Hay que volver, pues, de nuevo, a esta sabiduría abandonada, despreciada, para transformar de una vez, la existencia.



fragmentos de: Omraam Mikhael Aivanhov

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