jueves, 12 de marzo de 2015

EL ABC de la FELICIDAD de Lou Marinoff


Aristóteles creía firmemente en la finalidad: todo el mundo tiene un propósito en la vida y la felicidad duradera se alcanza realizándolo. Todos tenemos talentos y capacidades, y cultivándolos virtuosamente nos realizamos


Al igual que Buda y Confucio, Aristóteles era optimista con la naturaleza humana. Si bien nuestros genes desempeñan un papel dominante en la determinación de nuestros rasgos físicos e incluso psicológicos, es evidente que las virtudes y los vicios se parecen a buenas y malas costumbres, respectivamente. Las buenas costumbres se pueden adquirir; las malas, se pueden vencer. Aunque eso se diga pronto, merece la pena intentarlo, y la filosofía de Aristóteles nos dice por qué. Como destacó en sus Éticas: «Así, el adquirir un modo de ser de tal o cual manera desde la juventud tiene no poca importancia, sino muchísima, o mejor aún, total.» ¿Para qué? Para una felicidad duradera.***

La virtud no reside en su titulación profesional; reside en realizar bien su trabajo. Sea cual sea el trabajo que usted acometa, debería esforzarse por hacerlo bien. Y si tiene la suerte de adorar su trabajo, es decir, si lo que hace le permite expresar sus talentos individuales, seguro que podrá cumplir con sus obligaciones de una forma meritoria y virtuosa

Su realización personal no depende de cuánto talento tengan, sino de que lo desarrollen en todo su potencial. El mismo razonamiento es aplicable a cualquier ámbito: música, matemática, medicina, partería, hacer el amor, cortar el césped o mezclar cemento. Si bien hay diferencias en la clase de talentos necesarios para hacer bien estas cosas, no hay diferencia en la realización que experimentamos haciéndolas bien. Es cierto que Aristóteles considera que la vida contemplativa es la que más favorece una felicidad duradera, y esto guarda un paralelismo tanto con la tradición budista como con la confuciana. Al mismo tiempo, los filósofos ABC recalcan que ningún trabajo es degradante en sí mismo.

  Una persona virtuosa se esfuerza por hacer bien las cosas, y con atención

 La felicidad no es un objeto que se pueda buscar, como tampoco es una presa que se pueda atrapar. Al contrario, las personas que buscan la felicidad terminan atrapando infelicidad. La virtud y el mérito están dentro de usted, no fuera. Su realización procede del cultivo de estos atributos, no de su deseo de atrapar el espejismo de la felicidad

El Cielo y el Infierno están aquí en la Tierra; y en cualquier instante usted puede experimentar la alegría y la paz de la realización perdurable o, si lo prefiere o insiste en ello, el tormento y las contradicciones de la insatisfacción perdurable.

Si usted piensa que «felicidad» significa placer o euforia, seguro que no habrá tardado en familiarizarse con la infelicidad. La mayoría de las personas que buscan la felicidad a través del placer y la euforia se sienten cada vez más desgraciadas.


Aristotélicamente hablando, existe una clase de felicidad «sostenible» o perdurable que no depende de cosas externas ni de otras personas, sino de la mejora personal a través de la práctica de la virtud. El término aristotélico para esta felicidad sostenible es «eudemonia». Nadie puede arrebatarle esta clase de felicidad sostenible. Usted puede perder a su familia, su empleo, su coche, sus posesiones, incluso la vida. Pero no puede perder su realización. Si muere realizado, ha tenido una vida buena; la mejor vida posible, según Aristóteles.

La proporción áurea de Aristóteles procura una brújula moral con la que los individuos pueden navegar por sus vidas cotidianas. ¿Cuál es el destino de tal viaje? Para Aristóteles, la principal finalidad de practicar las virtudes es ésta: nos ayudan a realizarnos en la vida. De hecho, Aristóteles, Buda y Confucio coinciden todos en este punto fundamental.

Aristóteles elogiaría sin ninguna duda la alianza de la fe y la razón que estimuló la genialidad científica de Newton, Darwin y Einstein, todos los cuales creyeron con devoción, aunque cada vez más en contra de la moda, en un poder superior al intelecto humano. Una vez más, la proporción áurea es una guía útil para nivelar estas dos poderosas fuerzas, fe y razón, que están siempre presentes y a menudo reñidas en la conciencia humana

Las culturas que hacen demasiado hincapié en la religión y demasiado poco en la ciencia no se desarrollan por vías que permiten el pleno desarrollo humano.

 El proceso central de la ética aristotélica, como hemos mencionado, consiste en alcanzar la felicidad desarrollando nuestro potencial y cultivando nuestras virtudes, conforme a la moderación.

El concepto aristotélico de realización individual requiere la tolerancia de la no uniformidad e incluso de la no conformidad en una sociedad dada, para que las personas puedan expresar su individualidad. Aristóteles escribió: «Porque tanto el carpintero como el geómetra investigan el ángulo recto desde varios puntos de vista: el primero lo efectúa en cuanto que el ángulo recto le es útil para su trabajo; mientras que el segundo inquiere lo que es o qué género de cosa es, porque es espectador de la verdad.» Qué atractivas son las Éticas de Aristóteles: nos invitan a contemplar el mayor espectáculo del mundo, la verdad.


La virtud de la moderación puede tolerar extremos tolerantes que se eligen voluntariamente, pero que no tratan de imponerse por la fuerza a los demás. Sin embargo, la virtud de la moderación no puede tolerar los extremos intolerantes, porque éstos utilizan la tolerancia de la moderación como un arma contra ella misma. Los extremistas no atacan nuestros vicios, sino nuestras virtudes, tales como la moderación en la libertad, confianza y tolerancia que concedemos a nuestros congéneres. La moderación y la tolerancia fueron los principales objetivos de los atentados del 11-S, al igual que lo son en todos los bombardeos suicidas de esta clase, sean grandes o pequeños.



LOU MARINOFF fragmentos EL ABC de la FELICIDAD

martes, 3 de marzo de 2015

Sobre la IGUALDAD y la JUSTICIA

La fraternidad universal sin distinción de raza, credo, sexo, condición social ni color primará en el futuro.  Fraternidad no es "igualdad"...

La actitud fraternal, basada en la inteligencia y en el amor, es ubicar a cada cual en su lugar sin juzgar "a priori".  Todos deben tener iguales oportunidades al nacer, pero las diferencias que se vayan estableciendo en la selección de los más aptos, debe ser respetada y servir para integrar y complementar los unos con los otros, y no para separarlos

La fraternidad humana ha sido confundida con la igualdad, pero esta igualdad es inexistente.  Si arrojamos al aire una esfera de plomo, otra de madera y otra de plumas, no podemos "ordenarles" que caigan con la misma velocidad, pues la resistencia del aire frena más a una que a otras. Tampoco podemos hacer "por decreto" que las plantas de fresa lleguen a ser tan altas como los cipreses, o estos tan extendidos como los sauces.


El igualar cosas no iguales es otra de las formas de la tiranía; es irracional, antinatural y signado por oscura fatalidad. Si se trata de igualar a la altura de los superiores, debe estirarse a los más bajos hasta hacerlos perecer; si se hace al nivel de los más bajos, se aplasta despiadadamente a los altos; y si por el medio,  se perjudica a unos y a otros.



Aplicar igualdades entre desiguales es faltar al espíritu y a la forma más elemental de Justicia.


Para llegar a concebir una justicia social es imprescindible establecer justicia dentro del hombre

A veces es más fácil ser bueno o ser malo, que ser justo. Sin el sentido de la justicia, la verdadera bondad, la justicia espiritual, aquello que le puede dar a cada cual lo que le corresponde, en un sentido de bondad y de inegoísmo, es lo más difícil de alcanzar.


En el hombre, más allá de su cuerpo, vida, emoción y razón, existe un Yo espectador y ordenador de actos en el que radicará el Ser-Justicia, y al cual deben someterse las armónicas relaciones de sus propios reflejos en las cuatro posibilidades señaladas. Justicia individual será, entonces, un coexistir de subestructuras según sus propias naturalezas particulares, pero finalizados en un Yo que las unifica y que es el Ser-Justicia de las mismas.


Para la conceptuación del delito, no deben considerarse los hechos sino en relación estrecha con el actuante. Y cuando más capacitado y más cualificado sea el mismo, más estricta será la pena, pues se la aplica no como venganza o reprimenda, sino para la seguridad de todos y reencauce moral y psicológico del culpable.


Si justicia es dar a cada cual lo que le es propio, no debemos dar al hombre otra justicia que la humana, o sea, la que por su naturaleza le corresponde. No podemos tratar al Hombre como a una máquina, negándole capacidad de automejorarse, ni como a un Dios, creyendo que puede hacerlo solo y espontáneamente.




fragmentos de JORGE ANGEL LIVRAGA RIZZI

domingo, 1 de marzo de 2015

Bhagavad Gita- fragmentos


Las virtudes conducen a la liberación; los vicios a la esclavitud


Verdaderamente no hay purificante en este mundo
 que a la sabiduría iguale.


"Aunque soy el nonato e imperecedero Ser, 
el Señor de todos los seres y cobijo la naturaleza, 
que es mi dominio, también nazco 
por virtud de mi propio Poder 

Para proteger a los buenos, confundir a los malos 
y restaurar firmemente la justicia. 
De edad en edad renazco Yo con este intento.



Cumple tú constantemente y sin apego 
la acción que debas cumplir, 
pues el hombre que sin apego cumple la acción, 
alcanza en verdad el Supremo.


Si el ignorante obra por apego a la acción,
 el sabio debe obrar sin apego a ella, 
anheloso del bienestar del mundo"


Cumple tus rectas acciones, 
porque la acción es superior a la inacción; 
e inactivo, ni aun posible te fuera mantener el cuerpo.


El que no codicia materiales bienes, 
jamás vuelve a renacer en este mundo



Así como un ciego no puede ver el sol que ilumina al mundo entero, 
tampoco el ciego de entendimiento, el ciego de espíritu, 
puede percibir la Omnipresente y Eterna Paz que envuelve el universo entero.




Bhagavad Gita-fragmentos



fotografías en Torre del Mar 1/3/2015 -D.V.