sábado, 30 de noviembre de 2013

EL ENCUENTRO CON LA SOMBRA...



El encuentro con uno mismo,
es el encuentro con la propia sombra”
Jung


La sombra personal es el lado negativo de la conciencia del ego. Podemos personalizarlo en una imagen dura, fríamente objetiva, inamistosa y despiadada, el resultado kármico de frustraciones, miedos y malas acciones del pasado. Es el producto de nuestra inseguridad y nuestro miedo, la corporización del karma acumulado.

El enfrentamiento con las sombras es una experiencia inevitable en el proceso de educación de la personalidad, porque no puede haber integración ni realización de la personalidad sin la eventual asimilación de los poderes que están fuera de nuestra amurallada estructura del ego.

El encuentro consigo mismo sería verse tal cual es uno; sombras y luz, una vez fuera los amorosos adornos, los halagos, la pompa y las dulces ilusiones que se construyeron en torno del ego. A la sombra se la encuentra siempre que uno es obligado a afrontar el duro desafío de las circunstancias que destruyen la felicidad, o las graves presiones internas que le obligan a cuestionar lo que cómodamente diera por sentado. Igualmente cuando el discípulo está decidido a superar su ignorancia, egocentrismo y naturaleza negativa. Es una expresión de la resistencia de esas fuerzas, sociales o individuales, cuya posición privilegiada depende de la preservación del orden viejo. Esto libera una sombra que bloquea a la nueva voluntad, gesticulando contra el triunfo inevitable (aunque demorado) del Poder Creador en el individuo o la sociedad.

El único modo de disipar esa Sombra y el miedo que inspira, es absorber y asimilar el Poder creativo que es la Luz de la Sabiduría. A este proceso algunos autores le llamaron “teosíntesis”. Consiste en encontrar el centro vital de toda autoeducación real de la personalidad, que trasmuta el miedo en fe, los soplos de tragedia en posibilidad de crecimiento interior.

El miedo surge en el proceso del desarrollo de la personalidad, cuando el individuo en maduración se halla confrontado con las sombras proyectadas por su rechazo a afrontar constructivamente los desafíos de un nuevo orden de vida y conciencia.

Cuando tales rechazos se acumularon a través de una larga serie de ciclos, en una civilización o individuo de elevado desarrollo espiritual, la confrontación con la Sombra puede llegar a ser cataclísmica, pero en la mayoría de los casos se experimenta como un miedo algo incontrolable a lo desconocido, haciendo que nos retraigamos en dar el paso audaz, cruzando el umbral que, a través de la vasta oscuridad del inconsciente, nos conduciría hasta el reino de los misteriosos poderes genéricos y colectivos, los Arquetipos.

Toda posibilidad puede llegar a ser una realidad positiva o negativa. Si el miedo tiende a convertirla en una manifestación negativa, la fe la transforma en un hecho positivo. Llegar a la madurez es haber vencido sobre el miedo a la responsabilidad y a perderse en un Yo mayor. La verdadera vida de la personalidad es una vida de victorias siempre renovadas. Al menos hasta donde conocemos, no hay victorias finales.

El principal problema de la educación de la personalidad es, por tanto, la transmutación del miedo en fe. “El encuentro con la sombra es el encuentro con uno mismo”.  Si se enfrenta con valentía y fe, la sombra desaparece.
 
El conflicto entre el consciente y el inconsciente, la luz y las tinieblas, no es bueno ni malo, sino necesario para el crecimiento, ya que de él puede surgir la integración y una conciencia más amplia. Como dirían los alquimistas: “la sombra es el símbolo del plomo que debe llegar a ser el oro del Espíritu”.

Las sombras son agentes del karma negativo acumulado, que con su carga de limitaciones nos cierra el paso hacia delante. Pero tal bloqueo no es absoluto simplemente ocurre que para avanzar hay que vencer esos límites que nos detienen y prueban nuestras fuerzas, dándonos a la vez la posibilidad de desarrollar nuestros poderes superiores, al vencer los obstáculos con una fuerza contraria y de mayor intensidad. A mayor obstáculo, mayor será la fuerza a desarrollar para vencerlo. Todo tiene su compensación positiva.

Existen las deudas pendientes, forjadas por todo aquello que nos hace incoherentes con la Naturaleza. Tarde o temprano –dicen los textos de ética atemporal del mundo antiguo- la encrucijada espera a todos los hombres, si quieren avanzar, escapar de esa guerra interior es retrasarla, y dar al enemigo (nuestros defectos) la oportunidad de fortalecerse y matarnos por la espalda.

Aunque las sombras nos rodeen hoy, podemos disiparlas con ese Sol invencible que lucha detrás de las tinieblas, para iluminar nuestra vida y la de todos los seres que se quieran acoger a su eterna Luz.

Hay fuerzas ancestrales y transformadoras en nosotros que nos impulsan hacia Arriba y hacia delante; aliémonos con ellas y conquistemos día a día ese tesoro que nos ofrecen a cambio de nuestro Valor; la Sabiduría de recordar y saber quiénes somos realmente más allá de las sombras presentes. Esa que nos otorgará para el camino y la escalada, el entusiasmo necesario para no perder la Fe y la Esperanza y levantarnos mil veces y más si son necesarias, cada vez más fuertes y generosos, seguros de la Victoria final sobre la oscuridad.

D. Villegas
Gijón- 1992
De mi libro: LA ODISEA DEL ALMA

jueves, 28 de noviembre de 2013

EL DOLOR VEHÍCULO DE CONCIENCIA

“El hombre no puede hacerse sin sufrimiento,
porque es a la vez el mármol y el escultor”
Giordano Bruno

  
En el camino de la evolución hay que avanzar siempre hacia arriba y hacia adelante. Permanecemos aquí o allí, apenas unos años, un tiempo más o menos corto, conociendo, atesorando experiencias en ese entorno. El lugar y las gentes son el escenario necesario para que nuestra alma conozca una faceta más de la vida, de los seres humanos y de sí misma, frente a otras realidades. Mañana o pasado requerirá otro escenario diferente para seguir aprendiendo y ensayando nuevos papeles que nos lleven paso a paso a nuestra plenitud y comprensión total.

                                                        
Mientras, el dolor, como vehículo de conciencia, nos sacude de nuestro sopor y comodidad, despertándonos a nuevas realidades para las que andábamos ciegos hasta ese momento.

Aunque parezca cruel, el dolor nos abre los ojos a nuevos panoramas, nos obliga a aproximarnos a nuevas dimensiones, siempre un poco más cerca de la verdad y la totalidad. Cuesta, porque hemos sido ciegos durante mucho tiempo frente a la verdad y hemos vivido inmersos en ilusiones y fantasías. La ignorancia suele ser nuestra guía y todo lo interpretamos subjetivamente de acuerdo a cómo responden nuestras emociones ante los hechos.

Pero la Vida no quiere dejarnos como nos encontró y nos sacude, zarandea, golpea, desgarra, disuelve y pulveriza. Mas su interés es siempre positivo y si comprendiésemos por qué actúa así, facilitaríamos su misión y nos ahorraríamos grandes dosis de sufrimiento.

A veces, su mensaje es: “Abandona esto, no te conviene”, “Los apegos son como muletas, tú debes aprender a caminar erguido sin apoyarte en nada externo y pasajero”. Otras veces quiere que abramos simplemente los ojos, pues ya es tiempo de conocer nuevos puntos de vista, diferentes perspectivas. En ciertos momentos, sentimos sus golpes, pero debemos entender que nos está forjando como el herrero la espada o el artista la estatua. Es necesario para templarnos y endurecernos, para educir nuestra fuerza interna; para extraer el oro del plomo, para forjar la estatua escondida en el barro y hacerla encarnar a base de cincel, martillo, inspiración y voluntad.

Dado que se trata de un proceso inevitable, sólo colaborando podremos hacer que sea también grato y llevadero.

Las transformaciones que deben operarse en nuestra personalidad, para mejorar, ampliarse, fortalecerse, purificarse, ennoblecerse, volverse más objetiva y transpersonal, requieren del cambio, del desapego de nuestra forma actual de ser, ver, comprender e interpretar la vida. Sólo así podrán gestarse... Sabios los que nos recordaban:  “La amargura de las lágrimas se convierte en la sal de la Sabiduría” “El que sabe de dolor, todo lo sabe”.

Hace más de 2.500 años el Budha se esforzó por hacernos comprender cuál era la causa del dolor; la ignorancia y el apego a la ilusión; y cómo sólo una vida ética, disciplinada y guiada por la Sabiduría podría irnos liberando paulatinamente de él.

Sí, a través del dolor se adquiere conciencia, sabiduría, comprensión, humanidad, tolerancia, sencillez, nobleza y fortaleza. Siempre, claro está que captemos su mensaje y favorezcamos con nuestra acción, aliada a la suya, los cambios que deben realizarse para que nazca algo nuevo en nosotros o para poder corregir una conducta desviada.

El dolor es, entonces, una fuerza fecundadora, pues estimula, extrae, nos hace encontrar o descubrir lo que estaba latente hasta ese momento, escondido en nuestra conciencia.

Madurar es aprender a sufrir, soportar el dolor, a aceptarlo, a integrarlo en nuestra vida y a perderle el miedo. Vivir con él teniendo presente que es el Maestro más piadoso, pues nos avisa cada vez que algo anda mal o no marcha como debiera.
“Toda ciencia proviene del dolor”, de nuestros dolores o de los dolores y experiencias de los que avanzaron por delante en el Sendero de la evolución. Crecer y evolucionar requiere siempre que algo viejo muera para que nazca algo nuevo y mejor en nosotros.

“La vida es una piedra de afilar; o te pule o te hace polvo”. Nos puede pulir si colaboramos con inteligencia, o destruir si nos negamos a tomar la forma que debemos plasmar, pues es nuestro Ser.

Cada uno de nosotros tiene un modelo (arquetipo) o Dharma que debe hacer realidad en la materia. Así, nos toca decidir; o marchamos a favor del Plan, o en su contra y hacia el abismo. El hombre será lo que decida ser. Si marcha a favor, colaborando con la Vida, ella realizará su Plan de desarrollo, crecimiento y evolución hacia metas superiores. Si marcha en contra, recibirá golpes sobre golpes de aviso, y si no son escuchados, interpretados y comprendidos, le llevarán a su destrucción.

Los filósofos chinos decían que toda crisis es una oportunidad… o un peligro, depende de cómo la vivamos.

Para llegar a ser más plenamente lo que sólo somos potencialmente la Vida no tiene otro modo de actuar más que avisarnos, por un medio u otro, de que éste es el momento favorable o crítico para educir ciertas cualidades que están a punto de nacer o en el tiempo propicio para crecer y desarrollarse. La semilla debe romperse y morir para dar lugar a la flor y al fruto. Escuchar a la Vida es colaborar en este crecimiento y comprender cuál es el momento de cada cosa y cuáles las fuerzas que aflorarán en una oportunidad u otra.

Si no nos viéramos frente a desafíos, no alcanzaríamos a desarrollar ciertas cualidades o rasgos de nuestra personalidad que afloran a la superficie a base de urgencia y necesidad. Estos son los retos que, al ser aceptados, nos fortalecen y amplían nuestros límites.

De igual modo cuando nos alejamos de nuestro Ser Interior, de nuestra Misión o del camino por que debemos marchar, el dolor nos avisa de la necesidad de retornar a tomar contacto con nosotros mismos y nuestro Destino, con la Ley natural.

Lo cierto es que, aunque a nadie le guste el dolor, si le prestamos atención siempre nos ofrecerá respuestas, ampliará nuestra conciencia, nos purificará y fortalecerá. Son las metamorfosis necesarias.

Ante cualquier adversidad, dificultad o sufrimiento, alguien muy sabio nos díó una consigna de Victoria, que era la voz de "nuestro dios interior" en el corazón, recordándonos aquello de: YO PUEDO... Superarme, vencerme, descubrir qué me toca aprender, Ser Mejor persona...
Mª D. Villegas
Gijón-1995
De mi libro: LA ODISEA DEL ALMA 

ENSEÑANZAS del DHAMMAPADA -BUDA




“Como el viajero que al volver de un largo viaje, es recibido por su familia y amigos, del mismo modo las buenas obras hechas en esta vida, nos recibirán en la otra, con la alegría de dos amigos que se vuelven a encontrar.”


“La meta principal es la autorrealización intima del Ser, no debe descuidarse por las metas secundarias, y el mejor servicio que puede hacerse a los demás es la liberación de uno mismo” -

“La mayoría de los seres humanos, son como hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan en el suelo. Otros, por el contrario, casi son como estrellas; siguen su camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta” -SIDHARTA


"Como la lluvia penetra en una casa con mal tejado, así el deseo penetra en el corazón mal entrenado"

"No ocupéis la mente con necedades y no malgastéis el tiempo en cosas vanas" -

El odio nunca se extingue por el odio en este mundo; solamente se apaga a través del amor. Tal es una antigua ley eterna.


“No trates de cambiar tu deber por el de otro, ni descuides tu trabajo por hacer el de otro. No importa lo noble que éste pueda ser. Estás aquí para descubrir tu propio camino y entregarte a él en cuerpo y alma"




DHAMMAPADA - BUDA

jueves, 7 de noviembre de 2013

LA IMAGINACIÓN Y LA POESÍA

El hombre que sabe cómo trabajar y hacia dónde dirigir sus pensamientos y sentimientos, purifica tanto su psiquismo que su imaginación se transforma en algo limpio, transparente, puro... y empieza a "ver" en los mundos sutiles. A este nivel la imaginación y visión son la misma cosa. 


 El pensamiento está representado por el sol, la imaginación por la luna. Debe nutrirla con ideas, con imágenes precisas, luminosas, para que ella las concrete y les dé forma"


Vuestra imaginación trabaja con los pensamientos y sentimientos que vosotros le suministráis...

Conducid vuestra imaginación hacia las regiones celestiales y dejadle contemplar esos mundos de belleza que se reflejarán, después, en ella. La imaginación es una mensajera que puede ir muy lejos...

La imaginación se puede comparar a los globos sonda que los meteorólogos envían al cielo para conocer el estado de la atmósfera y las diferentes corrientes que la atraviesan: todo queda registrado en el globo y, a continuación pueden hacer observaciones y estudios. 



Qué es la verdadera poesía? Es el Verbo divino con todos sus elementos maravillosamente unidos entre sí por correspondencias secretas. La verdadera poesía despierta en el hombre el recuerdo de su patria celeste y hace vibrar en él sus cuerdas más espirituales, le da impulsos para crear nueva vida".

La verdadera poesía se encuentra en la Naturaleza porque todo en ella es, a la vez, hermoso y científico.

La claridad del Verbo proviene de la presencia de las palabras: a través de las palabras se pueden ver formas, colores, dimensiones y también oír una melodía, un ritmo, una entonación. Y sobre todo, se capta un sentido.

La verdadera poesía no se limita al campo de la literatura: está íntimamente ligada a la vida. El verdadero poeta es capaz de vivir la belleza que expresa en sus versos, de vivir una vida poética en sus pensamientos, en sus sentimientos, en sus actos.


Un día los poetas volverán a cantar la pureza, la inteligencia, la belleza de Dios y del Universo. Nutrirán a los hombres con el rocío del Cielo, con ambrosía, y todo el mundo vivirá poeticamente.

Por esta razón el arte nuevo, el arte del futuro será, día y noche, una lección de poesía: nos enseñará a ser cálidos, expresivos, vivos.

Cuando el alma o el espíritu irrumpen todo cambia. Debemos encontrar el elemento poético que nos una al Cielo. La poesía y la música son dos expresiones de la misma región del alma y del espíritu, allí donde hay música, hay poesía.

Hoy les faltan los elementos celestiales que sólo se encuentran en la verdadera música, en la verdadera poesía, en el verdadero arte. Estos elementos capaces de ensanchar nuestra conciencia hasta el infinito.



fragmentos de: Omraam Mikhaël Aïvanhov

LA DEPRESIÓN Y LA NIGREDO


La depresión es de hecho una etapa de tránsito, entre una fase de la vida que tiene que terminar y la siguiente que debe nacer después de la “muerte”… de la transformación de la personalidad.

En alquimia, la oscuridad y la desintegración que preceden y rodean la imagen de la calavera o “cabeza de muerto”, reciben el nombre de nigredo. Esta etapa del proceso alquímico refleja la desintegración de la antigua sustancia en sus componentes esenciales, lo que sólo se puede lograr con hedor y putrefacción. Nigredo significa simplemente “ennegrecimiento”. Sin nigredo no hay posibilidad de que la antigua sustancia baja se transforme, ya que antes debe ser despojada, depurada y reducida a su esencia, cosa que no se puede lograr sin putrefacción y muerte. Sin nigredo no hay posibilidad de que crezca nada nuevo. Cuando la persona se despoja de la máscara, lo que queda es la calavera, el capuz mortuum.

El nigredo de la alquimia es una imagen de una fase en particular del proceso alquímico, que realmente es, en su totalidad, una descripción de la evolución y la transformación psicológicas. El nigredo es necesaria, y debe preceder a las etapas más avanzadas del proceso. Refleja el problema de verse sumergido en la vivencia de la mortalidad y en el oscuro mundo de la sombra. Es frecuente que, cuando el que lo experimenta es un adulto, el nigredo sea una especie de regresión a la niñez, en la que el yo maduro se desintegra y todos los sentimientos infantiles, oscuros y primitivos vuelven tumultuosamente a la superficie. La palabra “sombra” cubre una experiencia: la propia debilidad, la inferioridad, la maldad, todo lo que hay en nosotros de oscuro, deforme y primitivo.

Sin la nigredo, no se puede hacer oro, no se puede jamás liberar la esencia divina encerrada en la materia baja. Es decir, en ciertas experiencias depresivas, es posible ver el comienzo de algo muy importante. Es el verdadero fin de la infancia, el enfrentamiento con el propio ser esencial y con los propios límites. Es la primera etapa de un proceso. Si uno huye de ese algo, habrá bloqueado el proceso de crecimiento, que depende de la comprensión y la integración de ese estado, y entonces, naturalmente, la depresión retornará , una y otra vez. Hasta que seamos capaces de realizar la transformación, y pasar del grado de oscuridad en el que estamos sumergidos, a otro de mayor luz integrada conscientemente y gracias a la cual hemos elevado nuestro nivel de conciencia o comprensión de la realidad externa y interna.


Decía el profesor Livraga: “Valor y Luz son la misma cosa” y ciertamente a más Valor, a mayor capacidad de llamar a las cosas por su nombre, de reconocer nuestros miedos, pasiones, traumas e ilusiones múltiples, mayor será la capacidad de integrar la luz de nuestra conciencia al presente y salir renovados, fortalecidos y con un grado mayor de conocimiento de nosotros mismos y de la vida en general.

En la Mitología, ese lenguaje simbólico que refleja en su clave psicológica las luchas internas del alma humana, lo vemos relatado magistralmente, a través de las aventuras y pruebas que tiene que sortear el héroe. Es el hombre que tiene el suficiente coraje para enfrentarse a sí mismo, para ver de cara sus monstruos, sus miedos, sin proyectarlos sobre los demás en actitud de huida ante la verdad que no es capaz de reconocer. El héroe lo es precisamente, porque se ve a sí mismo tal cual es, sin velos, máscaras ni disfraces, (los monstruos que tiene que enfrentar) y su capacidad de lucha, nos está hablando de la fuerza interior aplicada sobre sí mismo en el proceso de transformación de su personalidad. La victoria conseguida será el resultado de este proceso de lucha interna y transmutación de los defectos con los que partimos, por virtudes conquistadas a base de esfuerzo, perseverancia y confianza en sí mismo, de Valor aplicado cotidianamente a la acción diaria


En el estado de la “nigredo” o la depresión, lo peor que podemos hacer es quedarnos hipnotizados por nuestras propias sombras, dando vueltas y vueltas alrededor de nuestro dolor y tristezas. Hay que tomar la decisión de vivir, de renacer, y mantenernos bien ocupados, con un proyecto interno y externo suficientemente atractivo, como para que nos motive a sacar fuerzas donde parece que no existen. El primero y más importante en una situación extrema como ésta, es educir de nuestro corazón el suficiente coraje como para decidirnos a conquistarnos a nosotros mismos, a vencernos. Alcanzar la victoria sobre nosotros mismos, sobre la tristeza debilitante que nos va “hundiendo”, será en este estado del alma algo fundamental. Y el mejor signo de ella, será la alegría que iremos recuperando día a día, en la medida que nos lo propongamos, que lo practiquemos, que nos detengamos y centremos en las cosas buenas de la vida, aquellas cosas que cada cual ama, por más simples que parezcan, que dan serenidad y paz al alma atormentada y que la van curando. De esta etapa difícil, podremos extraer tanto “oro”, como Amor seamos capaces de sentir de nuevo en nuestro corazón, haciéndolo extensible a todos los seres que nos rodean. El sufrimiento experimentado se transforma así en compasión, en comprensión, en optimismo, en alegría, en renovación, en humanidad y profundidad. Es el “oro” del espíritu conquistado con tesón, con valor, con dolor, que sólo él trasforma con su poder y su luz cuando está presente.

Decían los Estoicos, esos filósofos que tanto admiro, “Todo es para Bien”, ciertamente esto es algo también que aprendemos de verdad, una vez que atravesamos victoriosos estas etapas oscuras, difíciles, peligrosas, pero necesarias para llegar a una etapa mucho mejor que la antigua. Cuentan los mitos que "el tesoro" está custodiado y protegido por "el dragón" que guarda la cueva, y que habrá que vencer para poder conseguirlo.


Siempre hay algo mejor más allá de la oscuridad que nos envuelve en un momento dado, pero hay que avanzar, avanzar con valor y tesón, con fe en la luz que sabemos que existe, más allá del túnel oscuro que durante un tiempo nos toca atravesar. Sólo así la LUZ CRECE Y CRECE en nuestro interior…trasmutando conscientemente, o dicho de otro modo, haciéndola nuestra un poco más, aquí y ahora, con Valor y coraje.

Mª D. Villegas
Madrid 27/6/04
fragmento de: LA ODISEA DEL ALMA

martes, 5 de noviembre de 2013

ALQUIMIA, TERAPIA INTERNA


“Los valientes que se atreven a descender a los abismos
suelen encontrar la “perla mística”.
JAL


En general, todos padecemos los mismos o parecidos dolores y heridas psíquicas, tarde o temprano. Son aquellas que va dejando la vida en su transcurrir por nosotros, mientras evolucionamos y de las cuales es conveniente saber curarse como de las físicas, pues si no condicionarán gravemente nuestra manera de interpretar la vida y relacionarnos con los demás. Repitiéndose una y otra vez el mismo patrón de comportamiento, al que nos lleva el eco o los miedos generados por los acontecimientos sufridos y no asimilados del pasado. Son como una semilla, que seguimos sembrando y que produce la misma cosecha de dolor, confusión, incertidumbre y angustia. Coloreando y oscureciendo nuestra visión, atrapados como estamos por viejos esquemas o hábitos mentales y emocionales, que condicionan, de este modo, nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

Pero hay una salida de este círculo vicioso, tanto los Grandes Maestros de Sabiduría, de todos los tiempos, como los buenos profesionales de la psicología de hoy, nos ofrecen soluciones, que de ser aplicadas sobre nosotros mismos, nos van otorgando otra visión y forma de enfrentar la realidad cotidiana, obteniendo paso a paso, el dominio sobre las sombras que antes nos hechizaban.

En el legado que nos ha dejado la Tradición de todos los pueblos, encontramos mitos y relatos que nos hablan de un héroe que se enfrenta a monstruos y pruebas muy difíciles de vencer para un hombre. Y aunque tendrá que ser él sólo quien las supere o venza, encontramos también en su travesía, la ayuda misteriosa de algún dios, la posesión de armas mágicas, que le acercarán a la Victoria. Su propia sabiduría innata o la guía de algún Maestro, se convertirán en la luz que le hará avanzar, entre las tinieblas externas e internas, paso a paso disipándolas, con perseverancia, fe y tesón.

Entre los muchos y buenos consejos que he encontrado, me ha parecido sumamente práctico para aplicar, sobre nosotros mismos, una Atención Consciente sostenida, de modo que podamos conocernos y así tener opción de transformarnos y poco a poco dominarnos, a través de la práctica reiterada de pautas de comportamiento más positivas. Esta atención consciente, crea una atención juiciosa, un espacio de claridad que emerge cuando apaciguamos la mente. Nos vuelve receptivos a los susurros de nuestro juicio intuitivo. Nos da claridad y discernimiento. Para “ver las cosas tal como son en cada momento, no como queremos que sean”.

Como comprobaremos esta atención consciente, nos aporta claridad y verdad. Pero hace falta tener el valor de reconocerla y concienciarla, lo cual implica mantener este “ojo” abierto sobre nosotros, sin caer en el escapismo de cerrarlo, negando esas “realidades” que podremos captar con su luz. Esta será la primera batalla a librar y a ganar, como dirían los antiguos egipcios, lograr “abrir el ojo”, recuperarlo. Luego tendremos que conseguir “mantenerlo abierto permanentemente”, poco a poco, practicando esta atención consciente cada vez más prolongadamente, y profundizando con ella, en nuestro mundo emocional, mental y espiritual, hasta llegar a la “conquista del ojo” que lo iluminará todo con su sabiduría constantemente como el sol, de día y de noche. Dicen los sabios que en esto consistía la aventura espiritual del pueblo egipcio en “ abrir el ojo divino en su interior”.

El Dr. R.D. Laing nos expone esta ceguera en la que caemos por falta de atención, de la siguiente forma:
El rango de lo que pensamos y hacemos, está limitado por aquello que no advertimos. Y debido precisamente a que no advertimos aquello que no advertimos, hay muy poco que podamos hacer para cambiar esto, a menos que advirtamos el modo en que nuestro fracaso en advertir determina nuestras acciones y nuestros pensamientos”. El primer objetivo, entonces, a conseguir, sería despertar, darnos cuenta de la forma peculiar en que estamos dormidos .
  

Para salir de esa “ceguera”, que nos hace creer que nuestras creencias, distorsionadas por nuestros esquemas, son la verdad, hay que tener el valor de cuestionar nuestros hábitos mentales y emocionales, o sea ponerlos en duda, examinar, para reconocer los errores de perspectiva y cambiarlos. Hasta llegar a comprender que “lo que pensamos que es la realidad, es tan sólo una ilusión personal”, que iremos cambiando, o despejando, en la medida en que nuestra atención consciente, nos facilite poder ver más allá de esos velos, algún día la realidad que escondía toda esa ilusión creada por nuestro mundo emocional y mental, por nuestra subjetividad, hecha de miedos, deseos, pasiones, heridas y esperanzas.


Primero nos recomiendan, tomar distancia, verlos como pensamientos de otro, dialogar con ellos, rebatirlos. Ver que son sólo eso pensamientos, emociones, no realidades, que como nubes oscurecen o tapan el sol de la verdad, que está más allá, y romper así la tiranía mental que ejercen sobre nosotros. Con esto iremos adquiriendo más precisión y claridad, más capacidad para detectar matices, sutilezas y no dejarse atrapar por las luchas emocionales internas.


Hay algo muy importante a comprender, en esta alquimia interior, y es que “la mente capta las cosas tal como le parecen que son, y no como son realmente”. Por lo tanto, deberíamos partir de que no sabemos como son las cosas, porque inevitablemente, las empañamos con nuestra visión coloreada y deformada por nuestros esquemas personales (o traumas), o por nuestra propia ignorancia simplemente. Partiendo de aquí, de una sana humildad, de un querer llegar a conocer la verdad, podemos emprender el viaje de retorno a lo mejor de nosotros mismos, o a la “recuperación de ese ojo sagrado”, como dirían los sabios del antiguo Egipto. De ese Ojo, que nos dará la posibilidad de “Ver y Conocer la Verdad”, trascendidos todos los velos de la ilusión y la pasión que enceguece. Que sabio nos resulta Sócrates, cuando afirmaba: “sólo sé que no sé nada”. Esta sería la actitud correcta del buscador de la Verdad. Luego vendrá el diálogo, la práctica, el orden y la limpieza interior, pero es fundamental partir de esta sana y valiente humildad filosófica, del que quiere aprender, borrando previamente prejuicios, miedos y vanidades, que ensombrecerían nuestra mirada. Y es que la mayor parte del tiempo, como enseña el budismo “alucinamos y no vemos la verdadera naturaleza de las cosas”. Sólo el sabio percibe la Realidad, los demás nos debatimos envueltos en ilusiones más o menos espesas.


Nos explican que si queremos seguir avanzando, tendremos que liberarnos de las costumbres más arraigadas en la mente, puesto que en tanto nuestros hábitos mentales permanezcan, veremos las cosas por lo que nos parecen, no como son. Esto requiere despejarnos de lo que oscurece nuestra mirada, ya sean miedos, deseos, traumas, etc. Abrir “el Ojo”, o mantener la atención consciente sobre nuestros actos, pensamientos y emociones, exige una mirada limpia, de telarañas y colores, que nos permita poder llegar a Ver las cosas como son, no como nos parecen a nosotros, por el impacto que nos causan o por la interpretación que hacemos de ellas. Sino verlas objetivamente con el mensaje que encierran para nuestra personal superación. Entonces podremos volvernos alquimistas de nuestro interior y de nuestro exterior, trasformando en luz, las sombras internas y externas.


Es importante descubrir entonces, donde está la raíz del problema. Según explica el budismo- que hemos tomado principalmente como referencia-, de la rigidez de nuestros pensamientos y supuestos que se centran en torno a nuestro apego al ego, al yo de la personalidad. Profundizando un poco más, nos expone esa doctrina que siendo la emoción la que crea el gusto o el disgusto hacia las apariencias que nos rodean, hay que ser consciente de las cosas con ecuanimidad, y no aferrarse al gusto ni al disgusto, que nos puedan causar.


Existen dos maneras de responder al sufrimiento explica el Dalai Lama: “Una consiste en ignorarlo y la otra, en contemplarlo fijamente y penetrar conscientemente en él, para los que practican un camino espiritual, la práctica consiste en penetrar en él”, para descubrir su raíz y extirparla. “La manera en que vemos las cosas, sería su raíz, su causa”. Y es que según como las vemos, así pensamos, sentimos y actuamos. Por lo tanto, el remedio está en nuestro interior. Entre otras conquistas tendríamos que conseguir cambiar la manera en que nuestra mente se relaciona con las condiciones adversas, porque esto si depende de nosotros, ésta es nuestra elección. Toda experiencia, por más dolorosa que sea, es una puerta oculta que si logramos atravesar con Valor, nos libera de nuestras actuales limitaciones, desarrollando potencias hasta ahora dormidas en nuestro interior y que requieren ejercicio para crece, pruebas para desarrollarse.


Siempre se ha enseñado que: “A un hombre solo se le conoce realmente en la adversidad, y que es ésta la que nos fortalece”. Recuerdo como mi abuela materna siempre me repetía: “Cuando Dios quiere un roble, lo pone en medio de la tormenta”. Por lo tanto, la cuestión no sería esforzarnos en tener, conseguir o conservar circunstancias agradables, sino en aprovechar todas las experiencias que el destino nos depare como parte de nuestro aprendizaje y formación, por muy duras que resulten, pues siempre hay “oro escondido”, para el que sabe buscarlo y extraerlo, en todo lo que nos toque vivir. Más allá del dolor, una vez que trascurre el tiempo, si lo hemos aprovechado, vemos que han sido oportunidades para nuestra crecimiento interior, para ser un poco más buenos, más sabios, más justos, más fuertes.


Cuando el budismo nos habla del “dolor como vehículo de conciencia”, nos expone una Verdad en la que estamos todos inmersos y debatiéndonos, y es que nuestra ignorancia, miedos y apegos generan dolor, pero que existe un vía para liberarnos de él, que requiere conocer la causa y buscar los medios para irnos liberándonos. El nos despierta, nos avisa, nos empuja a buscar la causa, la salida del laberinto, el centro liberador, desarrolla nuestra conciencia, en la medida en que tenemos el valor de “penetrar en él”, buscando trascenderle, no sólo para liberarnos a nosotros mismos de las causas del dolor, sino para poder ayudar a los demás, en la medida de nuestras fuerzas, en este importante propósito de la vida la liberación del sufrimiento.


Llegar a “Ver la Realidad claramente y ayudar a despertar ese potencial en los demás”, en esto consistiría la compasión en su nivel superior. No podemos olvidar que según el budismo, la compasión y la claridad mental van, curiosamente, inseparablemente unidas. Para el budismo, la compasión es la cualidad esencial, desde el principio hasta el final del proceso evolutivo. Curiosamente, nos trasmiten que la compasión es la única fuente o fundamento de la omnisciencia (sabiduría). Y que ésta solo se alcanza después de atravesar el período de purificación de las emociones aflictivas en el seno de la mente. “Deberás purificar tu mente, como se refina el oro”. No es posible como constatamos, “ver con claridad, ver la realidad, sin antes purificar nuestra mente y nuestras emociones de la oscuridad que la empaña”. Será el dolor el que nos obligue o nos guíe, según nuestra elección, en el camino de la liberación, en la búsqueda de la felicidad perdida para todos. En la curación de nuestra ignorancia, a través de la Sabiduría.


En algunas oraciones, los egipcios pedían ojos para ver a Amon, el principio oculto, y a Maat, la armonía divina. “Para contemplar tu divinidad, obtener el conocimiento de las cosas divinas y la solución de las tinieblas que limitan nuestra inteligencia”. Y enseñaban: “Cuando el hombre abre su ojo interior a su realidad divina, provoca el nacimiento de ese fuego incorpóreo que es la fuente de todas las mutaciones espirituales”. Egipto no admite excusas de ningún tipo a la falta de atención, la restauración del Ojo se impone como una necesidad vital, ya que este Ojo le incita a mantenerse alerta en todo momento, como guardián de la Justicia, que es también. Para este pueblo extraordinario y poderoso en Magia, “reconquistar la parcela extraviada, abrir el Ojo divino en el interior, es el objetivo del “viajero egipcio”. Y el mejor camino para conseguirlo consiste en hacer la ofrenda, o sea, practicar la magia del don de sí. Ofrecer a los demás la calidad de nuestro Ser.


Transcurrido el tiempo, hoy como ayer, volvemos a las mismas verdades, las de siempre y constatamos una vez más, la necesidad impostergable de reconquistar esa luz interior que nos puede liberar de la maraña de ilusiones en las que estamos inmersos, prisioneros, y que nos empujan a graves peligros personales y colectivos. Ciertamente nos urge a todos “despertar”. Ver, día a día, con más claridad el camino a seguir para trasformar nuestro  “plomo en oro”.
Mª D. Villegas López
2007-Madrid
fragmento de LA ODISEA DEL ALMA 

lunes, 4 de noviembre de 2013

TRANSFORMACIÓN Y PLENITUD




Jung afirmaba:no se puede expandir la conciencia sin dolor”. Necesitamos poder y saber enfrentarnos a los miedos y obstáculos que nos retan para que los conozcamos y nos conozcamos mejor y de este modo purificándonos y fortaleciéndonos avanzar en un proceso transformador que nos lleve hacia la totalidad. Este proceso transformador comienza cuando una persona se da cuenta de que no sabe quién es, sólo entonces, comenzará la búsqueda del “yo” real, de su Centro.


Y es que nuestra forma de mirar el mundo y de vivir en él, está llena de prejuicios y defectos, de espejismos y hechizos. El “despertar” podría ser llegar a la “mente incondicionada”, donde la programación de la mente se derrumba y se experimenta conscientemente el propio ser y el mundo, sin el impedimento de los velos, programaciones o prejuicios. La integración sería el resultado de un proceso de limpieza redentora, de liberación de toda la basura interna (el infierno), que nos está bloqueando la percepción de nuestra luz interior.




Llegar a la plenitud significaría ser una persona “sabia”, alguien que acepta la totalidad de su propia naturaleza, que ve la vida como es, a veces penosa, otras alegre, que entiende el significado y el sentido de lo que sucede y colabora con ello. Encontrar al yo oculto y real, implica siempre despojarse de la multiplicidad de yoes particulares y falsos, tras los que nos escudamos, de las imágenes y los soportes que nos impiden liberar al yo natural. El conflicto surge de la desilusión y el enojo que sentimos al ver nuestras ilusiones destrozadas. Es esencial aprender a amarse, aceptando cada aspecto. Ver, aceptar, y esforzarse por desarrollar cualidades positivas de las que carecemos. Este proceso es el que facilitará el aceptar a los demás como son, más fácilmente. Pluton estimula todos los aspectos impuros (nos rapta al infierno) para avivar el potencial de aceptación y de purificación de la escoria a través del fuego de la transformación.

Así la plenitud o integridad es un camino hacia la liberación de un yo limitado, falso, parcial.



En todos los mitos de la antigüedad, se nos relataba que el héroe o el candidato baja a los infiernos a enfrentarse con el monstruo del mundo inferior, su propia oscuridad. Si se quiere conquistar el centro, habrá que librar una lucha en nuestro interior para reconquistarlo, pues el falso yo, se opondrá siempre como sombra que es, a la luz y a la verdad del yo real. Es fundamental en el proceso el amor a la Verdad para llamar a las cosas por su nombre y no negarlas.



Integrar nuestra "sombra", aceptar, reconocer e iluminar ese lado oscuro de la persona es un acto curativo y redentor. Transformando nuestra propia esfera personal de influencia, realizamos el mayor servicio al mundo, que comienza en un trabajo interior de depuración de elementos negativos. Este sería el acto revolucionario más radical de todos. Si cada uno se ocupara de cambiarse y trasmutarse a sí mismo, el Mundo mejoraría rápidamente. Pretender conseguir un cambio en el exterior, sin haberlo logrado antes dentro del individuo, es un imposible, una ilusión. Sólo la luz conquistada podrá iluminar el laberinto o la caverna en que vivimos.




 Mª D. Villegas-Madrid 2001
fragmentos de un trabajo sobre Plutón

LAS RESPUESTAS DE LA ASTROLOGÍA A LA CRISIS




Las estrellas se mueven en el cielo, nosotros en la tierra, aunque sea lentamente. Fluimos en esta gran corriente de Vida, donde todos marchamos hacia adelante. Es la simpatía la que pone en movimiento el Universo. Pero es probable que esta relación astros-hombres, no sea tan sencilla y que el destino; el encadenamiento de causas y efectos, mueva hilos que nosotros ni vemos ni comprenderíamos con claridad.

Los sabios de todos los tiempos nos explicaron que el Universo era como un Gran Ser Vivo, un conjunto armónico y relacionado, con una misma alma y regido por la misma Ley, de donde se derivaban otras leyes. Una de ellas la Ley de correspondencia, nos explica que todos los elementos del Universo se hayan coordinados, constituyendo un inmenso macrobios, donde los órganos vitales están relacionados e imbricados unos en otros. Así entre el macrocosmos y el microcosmos existiría una relación íntima, una identidad e interacciones mutuas como consecuencia. En este océano de energías en que todos estamos sumergidos, nada está separado, y todo repercute en Todo, en mayor o menor medida.

Paracelso; médico, mago, astrólogo y alquimista, decía que "los astros tienen un duplicado exacto dentro de nosotros y cuando aquello vibra, esto se conmueve". Exponiendo aspectos de la magia en la que está imbricado todo el Cosmos, comentaba: "que cada estrella tiene sus genios, buenos o malos por naturaleza. Y que la acción es la esencia de los genios". Al igual que Giordano Bruno nos hace saber que: "hay genios que presiden los asuntos mundanos, sacuden o abaten los estados o individuos. Cambian perpetuamente girando en círculos. Ellos imprimen su semejanza en nuestras almas, en nuestro cerebro. Penetran cuerpo y alma. Pero la parte razonable del alma no está sujeta a los genios. Más los hombres en general están dirigidos por genios. Unicamente cuando se establece contacto permanente con el Yo, el hombre alcanza seguridad y ya no es atacado por los genios".

La transición hacia una nueva era, sería como el tic tac de un reloj evolutivo, un factor programador en la lenta progresión hacia la conciencia global de la humanidad. Las eras zodiacales duran unos 2.160 años aproximadamente. La Era de Acuario, con sus etapas de hielo, líquido, gas y con su preprimera de transición, endurecimiento y caída de las viejas estructuras, es la etapa más difícil, pero necesaria para que algo mejor nazca. Acuario trae la conciencia de que realmente formamos parte de una mayor entidad viva, interconectada, tanto biológica como psicológicamente. Más la conciencia, previamente para llegar allí, hará surgir a la luz para ser transformado, todo lo que en nosotros obstaculiza el vivir esta visión. Jung expuso que la era de Acuario representaría el choque final entre el bien y el mal...hasta alcanzar la armonía por oposición. Vemos que en nuestras manos, tenemos un enorme desafío y una tremenda lucha, cuyo resultado aún no está decidido, depende de nuestra acción. Estamos comenzando a descubrir a Dios en nuestro interior. Porque espíritu y materia no están tan dicotomizados para Acuario como para Piscis. Para el hombre de Acuario, Dios está vivo en la materia y se revela en las leyes de la naturaleza, y en particular, en las leyes de la naturaleza humana.
El individuo y la sociedad se deberán enfrentar a las pautas de comportamiento cristalizadas que necesitan romper o trascender para verse libres del peligroso callejón sin salida en que se encuentran…Urano, el regente de Acuario, nos impulsa, entre otras cosas, a una vida transpersonal, basada en una relación más profunda entre la evolución individual y el progreso colectivo. Una actitud abierta y curiosa para recibir nuevas perspectivas y asimilar distintas respuestas. La profundidad de los cambios abarcarán incluso el desarrollo genético o las mutaciones en las especies. El despertar de determinadas zonas del cerebro, así como ajustes sociales colectivos y cambios en el planeta.

Es evidente que no puede haber cambio sin que algo "muera" o mejor dicho se transforme. El cambio produce siempre miedo….más para favorecerlo debemos recordar que es PARA BIEN. La irracionalidad y brutalidad del sistema creado en Occidente, ha de conducir, más tarde o más temprano, a su propia "muerte" o transformación profunda. Vivimos tiempos de crisis, tiempos de transición, que pueden y deben ser tiempos de RENOVACION y RENACIMIENTO, de todos aquellos Valores superiores que han hecho y harán siempre, que el Hombre resurja de sus cenizas, mucho Mejor de lo que fue antes.


Mª D. Villegas López 
OCTUBRE 2001-Madrid
fragmento LA ODISEA DEL ALMA

EL INFLUJO DE LOS ASTROS

La imagen puede contener: noche




“Los astros inclinan pero no determinan

La ciencia astrológica, nos trasmitió siempre la idea de la relación metafísica entre todos los componentes del Universo. Las enseñanzas de Hermes Trimegistro, exponían entre otros los siguientes principios: “Así es arriba como es abajo”. Por lo tanto, ningún acontecimiento puede considerarse como un suceso aislado, sino que como dicen hoy nuestros científicos, todo está interrelacionado, forma parte de una unidad y un orden superior.

Son muchos los investigadores que han ampliado sus conocimientos sobre la naturaleza humana y han encontrado respuestas a los porqués de tantas y tantas circunstancias diversas y críticas en las que nos encontramos inmersos a lo largo de la vida. En una palabra, han descubierto no sólo la relación del hombre con el Cosmos, sino la importancia de todo lo que le acontece en ese devenir, que se ha manifestado como trascendente, como vía de transformación de la personalidad y ampliación de la conciencia.

Ha resurgido con fuerza la idea de que la Vida es un proceso de transformación o de alquimia, que trata de llevarnos consciente o inconscientemente, del “plomo” de nuestra personalidad (sus defectos), al “oro” de nuestro verdadero Ser (sus virtudes). Así se hace evidente, cómo los ciclos que marcan los astros en el cielo se reflejan en el interior del hombre y en su vida, produciendo crisis, cambios, trasformaciones en su perspectiva, sus intereses, tendencias, aspiraciones, pensamientos, sentimientos, identidad, ideales, etc. Y es que “así es arriba como es abajo”, que dirían los magos en Egipto.

La Astrología es la ciencia que estudia las relaciones entre el Cielo y la Tierra, la Alquimia se ocupaba de las trasformaciones que esto produce, y la Magia, como ciencia de las ciencias, abarcándolo todo, nos hace comprender cómo el hombre puede establecer contacto con lo superior.
Esta vieja ciencia nos habla de la unidad e interrelación de todo lo manifestado, y como consecuencia del origen y destino común que nos espera, de las energías que la Naturaleza ha puesto a nuestro alcance y de las consecuencias de su uso correcto o equivocado, manifiesto en nuestras dificultades, capacidades, tendencias, etc. De la Ley universal que rige todo el cosmos y del libre albedrío que tenemos para actuar en armonía con ella o no. Este proceso de toma de conciencia de la Ley (Dharma) que rige toda la Vida, estaría vinculado estrechamente con las pruebas, crisis, experiencias, que irán produciendo en nosotros trasformaciones y como consecuencia una ampliación de la conciencia, hasta poder llegar a la perfecta sincronización con ella, en todos nuestros actos.

La carta natal viene a ser como un mapa o radiografía del alma y de su evolución. Para la Astrología, la herencia positiva o negativa que arrastramos, según el uso de esas energías en anteriores encarnaciones, se vería representado a través de las Casas, que reflejan situaciones con las que nos tendremos que enfrentar, como campos de experiencia específicos. De igual modo, en los aspectos que guardan entre sí los planetas, las fuerzas que ellos representan se potencian o enfrentan recíprocamente, según el uso que hicimos en el pasado. Es simplemente nuestra cosecha, aquello con lo que contamos, para volver a comenzar un “nuevo curso”, que nos haga avanzar unos pasos más.

El gran médico, filósofo y astrólogo Paracelso, exponía que el hombre tiene en su interior un duplicado exacto de los astros que se encuentran afuera. Así, cuando algo se mueve en el cielo, algún cambio se produce dentro del hombre. Y de ahí la necesidad de cuidar y vigilar esas fuerzas para su desarrollo correcto. Los signos, los planetas, serían símbolos de energías o potencias que hay en el hombre sin desarrollar plenamente.
Siempre se enseñó que: “Los astros inclinan pero no determinan”. Nunca se expresó que los influjos nos marquen inexorablemente o nos predestinen a un tipo de circunstancias determinadas, porque la voluntad del hombre es de la misma naturaleza que la voluntad de los astros, y está capacitada, como consecuencia, para trazar caminos también. Un viejo aforismo de la magia egipcia nos enseñaba que: “Cada uno atrae hacia sí aquello que es de su misma naturaleza”. Por lo tanto, con voluntad, discernimiento y perseverancia, el hombre puede ser conscientemente, “el arquitecto de su propio destino”. La sabiduría china nos recordaba: “siembra una acción y cosecharás un carácter, siembra un carácter y cosecharás un destino”. O aquello de que el pasado no podemos cambiarlo, pero el futuro lo estamos construyendo hoy con nuestros actos.
La carta astral o natal es una imagen del cielo, tal y como se veía en el lugar y en el momento en que nacimos. Nos ofrece información sobre el caudal de potencialidades que traemos. Se interpreta como un abanico de posibilidades y desafíos, que tendremos que aceptar para realizar y vivir todo el potencial que hay latente en nosotros. Con lo cual, nos puede orientar y ayudar a comprender, la finalidad de todo lo que nos sucede. Porque como decían los Estoicos: “Todo es para Bien”. Sólo necesitamos descubrirlo. Escalemos, peldaño a peldaño, estrella tras estrella… hacia el Corazón del Misterio





Mª D. Villegas  -1990 Gijón
GABINETE ASTROLOGICO URANOS

sábado, 2 de noviembre de 2013

ESTADOS NATURALES DE EVOLUCIÓN



"Las cuatro condiciones pueden ser observadas empíricamente por cualquiera, en el contexto del mundo modernoy son las siguientes:

1) Estadio de baja evolución o involucionado: Un porcentaje entre el 2 y el 3 por 100 de la Humanidad está formado por seres que están en camino de evolucionar hacia la conciencia humana de otros estadios (como el reino animal), o bien se hallan en una condición involutiva debida a causas kármicas de su vida anterior. Los primeros acusan vagos sentimientos de un despertar individual, unidos a la básica sensación de ocupar un tiempo y un espacio. Tales personas dan la apariencia de estar relativamente estupefactas. En algunos casos, esta situación irá asociada a deficiencias mentales, retardo o cretinismo, mientras que en otros pueden llegar a detectarse retrasos mentales en personas que, por causa de acciones del pasado, ocurridas en otras vidas, se ven obligadas a involucionar (ir hacia atrás) durante una o dos existencias.

2) Estadio o condición gregaría (rebaño) : Aquí se mueve aproximadamente el 75 por 100 de la Humanidad, al cual pertenecen aquellos individuos cuya identidad es sólo una extensión de las normas sociales, creencias, costumbres y tabús. Esta condición constituye de hecho la masa, el caudal mismo de la sociedad humana. Aquí, la persona no se cuestiona seriamente sobre aquello que le han inculcado como lo que debe pensar o creer, o en caso de llegar a cuestionarlo, la respuesta será acorde con lo que prescribe la sociedad.

3) Estadio individualizado: Corresponde aproximadamente al 20 por 100 de la Humanidad, y está formado por aquellos seres que cuestionan las normas, creencias, costumbres y tabús sociales. Estas personas buscan descubrir su propia individualidad, distinta de la sociedad. Ellos desean conocer y actuar de acuerdo a sus propias leyes naturales, creencias, valores, necesidades, costumbres y tabús. Desean llegar a descubrir estas cosas dentro de ellos mismos. La vibración independiente capacitará a estos seres para valorar el derecho a la libertad y el autoconocimiento.

4) Estado o condición espiritual: Entre un 2 y un 3 por 100 de la Humanidad intenta comprender su existencia y la de los demás dentro de un contexto global/universal. De hecho, estos seres desean llegar a entender la naturaleza entera de la Creación dentro de tal contexto, y por lo general se vinculan a ideas o enseñanzas espirituales como principios guiadores en la vida. Intentan descubrir y más adelante vivenciar valores intemporales, creencias y verdades por encima de cualquier tiempo. En su condición más elevada, se darán aquí los llamados avatares o maestros espirituales tales como Jesús, Buda, Lao Tsé, Mahoma, Moises, etc. Es un estadio representativo de aquellos seres que han eliminado o están en proceso de eliminar todos los deseos separatistas o proyectados hacia lo externo.
Estas cuatro  situaciones naturales de la evolución no operan como compartimentos estanco, rígidamente definidos. Existe un dinámica interna y de una a otra condición. Por ejemplo, en un momento dado, el individuo puede hallarse viviendo una transición entre el estadio gregario y el individualizado, pudiendo así expresar características de ambos estadios evolutivos.



fragmento de : Jeff Green - 1989