lunes, 24 de octubre de 2016

Formamos parte de una Unidad donde somos complementarios

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"Todas las cosas tenían su origen en el Uno, y, procediendo del Uno, 
deben finalmente volver al mismo. " 

H.P.Blavatsky


Todas las cosmogonías, la Tradición o la filosofía esotérica hablan del origen de la Vida surgiendo del Uno y retornando al Uno donde nos reintegraremos conscientemente, cuando se alcance ese estado de conciencia. 

Aquí y ahora, en el presente o en el sendero evolutivo que recorremos, somos diferentes como personalidades debido al diferente karma engendrado con nuestras acciones en el largo recorrido de muchas vidas, y por las potencialidades despiertas en distinta proporción por nuestros esfuerzos, elecciones o inclinaciones.

Al igual que nuestro cuerpo que conforma una unidad pero está compuesto de múltiples partes diferentes, así ocurre con la humanidad, con la diferencia de que nuestro cuerpo funciona admirablemente bien en unidad integrada por una rica y necesaria diversidad. Y nosotros aún no hemos conseguido plasmar esa unidad consciente e inteligente entre todas sus individualidades. Quizás por eso mismo, porque nos falta conseguir previamente la individualidad consciente a la mayoría de nosotros.

Lo que es cierto es que si el origen y el fin es el mismo, necesitamos despertar conciencia sobre esta verdad fundamental, y favorecer a través de la educación el despertar de todo lo que esto conlleva, así como los valores correspondientes para poder integrarnos y conformar la unidad natural. Cada cual en su lugar, cumpliendo su misión específica para la que está más capacitado, partiendo para que sea justa de oportunidades iguales, alcanzando de este modo la plena realización personal y colectiva, pasando paulatinamente a niveles superiores gracias a todo ello, evolucionando sana y conjuntamente.


Para hacerlo realidad sobran separatismos, egoísmos, soberbia, ignorancia, todo tipo de emociones enfermizas, violencia... y falta despertar o desarrollar el sentimiento de unidad, humildad, nobleza, amor, dignidad, generosidad, responsabilidad... que haga posible la plasmación de tan alto y vital Ideal de acercamiento a la Unidad consciente.

Puesto que tenemos un mismo origen, esencialmente seríamos iguales, más en el aquí y ahora, en presencia somos diferentes lo cual nos hace complementarios y necesarios. Hermanos que deben y pueden apoyarse, ayudarse, complementarse y enriquecerse mutuamente, gracias al Amor que todo lo une fuertemente. Más la realidad nos muestra que hay un largo camino que recorrer para alcanzar esa meta lejana.

El tiempo que nos lleve hacerlo realidad depende de nuestro nivel evolutivo, del grado de conciencia alcanzado, de los valores practicados, de las verdades que seamos capaces de hacer parte de nuestra Vida, de la inteligente educación que favorezca el despertar de las fuerzas que lo puedan hacer posible.

El objetivo o el Ideal alcanzar por la Humanidad está claramente ante nuestros ojos en toda la Naturaleza y en el Universo: Unidad en la diversidad, Orden inteligente, Voluntad de Ser.



Todo el orden de la Naturaleza demuestra 
una marcha progresiva hacia una vida superior.
H.P.Blavatsky

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D.Villegas - 24/10/2016-Malaka
LA ODISEA DEL ALMA

domingo, 23 de octubre de 2016

LAS EDADES ESOTÉRICAS DEL HOMBRE

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En este, como en tantos otros temas, es temerario generalizar. Cada ser humano tiene su destino particular que es como una cuerda hecha con muchísimos hilos de diferentes colores, resistencias, longitudes y ciclos de vida.

Influyen asimismo las decisiones que cada uno toma ante todas las oportunidades y también factores misteriosos que están por encima de todos los «horóscopos», circunstancias y educación. En todas las Religiones Mistéricas de la Antigüedad, desde la Sumeria a la Etrusca, ese «factor X» -que así lo han llamado diferentes pensadores del siglo XX- no es mensurable ni previsible… Sabemos que existe por sus efectos evidentes, pero no sabemos lo que es.

Según Homero y Virgilio, esta Voluntad Ultérrima estaba por encima, no sólo de los hombres, sino también de los Dioses y de todo aquello que podamos concebir… el mundo de lo inteligible, por paradoja, tiene raíz irracional… o pararracional, que en la práctica es lo mismo.

Pero para facilitar ciertas comprensiones, el esoterismo diferencia los años que un hombre puede vivir en ciclos de siete.

Hasta los 7 años: Existe un descenso paulatino de los Principios espirituales, mentales y psicológicos en general. Existe una especie de «Angel de la Guarda» que vigila la entrada del Alma en la encarnación y «suaviza» sus choques con el mundo en el que le toca vivir. Padres, familia y educadores tienen gran importancia. El niño es, salvo excepciones, un ser plástico que responde a los acicates del castigo y la recompensa; necesita autoridad y control permanente que le permitan un aprendizaje instrumental. Si nace en familia cristiana, será cristiano y si en judía, judío, etc. Su contacto con el medio social es una «vacuna» que le permitirá sobrevivir a futuros embates. Necesita cariño, que no es debilidad ni gazmoñería.

Hasta los 14 años: Habiendo sobrevivido a la niñez, entra en una etapa «gozne» y, a través de la fantasía y de la imaginación, se introduce el ser humano en el mundo de los adultos que no acepta ni rechaza totalmente. Está probando. Necesita que le dejen, controladamente, acertar y equivocarse. Su propio Espíritu empieza a manifestarse y crea la imágenes de aparentes rebeldías.

Hasta los 21 años: Pasada la etapa anterior, el Espíritu se manifiesta más fuertemente y se perfila la personalidad y las posibilidades definitivas. Se entra en la plenitud… inmadura. Los roles sexuales se afirman.

Hasta los 28 años: El Espíritu se ha manifestado y el camino para toda la vida se hace evidente. Todo toma formas concretas y se tiende a imponer la propia naturaleza en todos los órdenes.

Hasta los 35 años: Se llega a todas las formas definitivas y la espiritualidad vence o fracasa; ya no habrá cambios de fondo al respecto. Se camina por sendas elegidas y lo que puede variar ahora es la velocidad, aparte de pequeños desplazamientos de los focos de interés y centros de invento. Aunque pueda no parecerlo, la posibilidad de cambios ha quedado atrás y tan sólo se pueden afirmar o debilitar los elementos de la personalidad según la fuerza del Espíritu. Se está en la mitad de la esperanza de vida, en la cumbre de la montaña de esta vida y se empiezan a percibir más claramente paisajes y fuerzas, lo que provoca acción y curiosidad. Los elementos ya existentes se combinan y recombinan en una «segunda juventud».

Hasta los 42 años: Los efectos de la que llamamos «segunda juventud» se hacen perceptibles y se instrumentalizan. Son necesarios logros, conquistas, adquisiciones. Al final del ciclo se empieza a bajar «la montaña biológica» y aparecen conflictos entre el Espíritu, el Alma y la Personalidad. Aquí se definen los valerosos y los cobardes. El desafío de la vida se plantea y replantea.

Hasta los 49 años: Un sentimiento que permaneció casi en latencia se manifiesta: el apuro por plasmar cosas, y éstas serán según la naturaleza de cada uno y su grado de espiritualidad o materialismo. La experiencia individual se ha decantado e influencia fuertemente en los actos, sentimientos e ideas. El cuerpo, por su parte, presenta las características propias de la perdida juventud. Esto no siempre es aceptado y ello hace que esta edad sea especialmente peligrosa para el equilibrio fisiológico y mental.

Hasta los 56 años: Se inicia una doble fuga psicológica hacia atrás y hacia adelante. Se recuerdan los «buenos tiempos» y se proyecta con fuerza para el futuro. El presente se evidencia efímero y débil. Hace falta afianzarlo para cogerse fuertemente a algo. Las posiciones se radicalizan y maduran. Si se ha tomado el camino espiritual, se entra en un período muy fructífero y si no, en un simulacro de nuevas creaciones… que son las mismas de antes, pero mucho más definidas, sólidas… y estáticas.

Hasta los 63 años: El «ocaso» de la vida se hace evidente y todos, de una manera u otra tratan de dejar «cosas hechas» que otorguen seguridad colectiva e individual. Depende de la cultura, carácter y espiritualidad, el grado en que la radicalización de las creencias se plasme en obras realmente útiles. La convivencia se torna cada vez más difícil y se la rechaza a la vez que se la necesita, a veces de manera traumática.

Hasta los 70 años: Según se hayan ejercitado, algunos principios espirituales se retiran o se afirman. Es el final, el «broche» que puede ser de oro o de hierro. El cuerpo entra en deterioro que pone a prueba la templanza. La idea de la muerte, en sus diversas acepciones, se hace constante. Para algunos, ésta es un último incentivo y para otros la puerta de la desesperación, de la resignación, de la rebeldía (ahora sí auténtica) lo que puede provocar un enfrentamiento consigo mismo y con el entorno físico, psíquico, mental o espiritual.

Si se sobrepasa esta edad, todo pronóstico se hace aventurado, pues los ancianos pueden convertirse en rocas sólidas de maravillosos ejemplos… o en empecinados enemigos de todos y de todo. Por lo general se experimenta una gran soledad, dorada u opaca. La mayor parte no entienden a los más jóvenes y se enfrentan con ellos, envidiando de alguna manera su juventud. Ahora, todo dependerá de la vida que se ha dejado atrás. Leyes de la Naturaleza, absolutistas y dogmáticas, hacen cosechar apresuradamente lo que se ha plantado de forma inexorable.


Si el fin sobreviene por una enfermedad especialmente larga, suelen reaparecer características netamente infantiles. Si no, o si la fuerza espiritual es muy grande, el Espíritu dará sus más bellos esplendores como despedida final, penetrando de nuevo en una realidad íntima y misteriosa, como la de los niños pequeños. Aun estando en este mundo ya no se vive en él.

Intencionalmente, hemos evitado los análisis psico-físicos a la moda y la terminología de nuestro tiempo. No creemos en el psicoanálisis mientras no se reencuentren las claves de una psicosíntesis reconstituyente, optimista y veraz.

Por otra parte, todo lo anterior, si bien obedece en líneas generales a la marcha del tiempo en la vida del Hombre -englobando ambos sexos para abreviar-, insistimos en que es muy esquemático pues no se puede masificar y cada ser humano es un mundo, un misterio, una realidad propia e irrepetible, absolutamente singular.

Esto no descarta la reencarnación, pero confirma que si la cadena es una, sus eslabones son innúmeros, diferentes y que la asociación de los mismos no quita la flexibilidad del conjunto; por eso lo comparamos a una cadena y no a una barra rígida. Espacio y tiempo son coordenadas que se entrelazan pero que no se funden entre sí, pues aunque tienen un Ser idéntico, son a la vez un existir maravillosamente diferente, enfrentado y complementario.

Pero tales son las Viejas Enseñanzas que, bien meditadas, pueden ser útiles a aquellos que, siendo filósofos, buscan conocerse en profundidad.


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JORGE ANGEL LIVRAGA RIZZI

sábado, 8 de octubre de 2016

El Poder de la Mente sobre la materia





Quizás lo que necesitamos sea una aproximación más bien práctica que teórica al tema del poder de la mente sobre la materia. Este poder es uno, tal vez el más viejo, de los poderes del hombre. Desde que el mundo es mundo, el hombre trató de que la materia le sirviese, le fuese útil, y para lograrlo, no sólo tuvo que trabajarla, sino que primero, tuvo que pensarla. Es el viejo ejemplo del alfarero que primero sueña y piensa su vaso, y luego lucha con la materia que, en general, se resiste en virtud de la inercia que le es propia: la tendencia a caer a la tierra, a participar de aquello de lo cual se levantó.

La mente, en cambio, es la forjadora de la forma. La forma no es estrictamente material, sino mental. Sus raíces son más altas y más espirituales. Para comprender esto, no creo que basten las fuentes occidentales. En Occidente, los estudios de psicología, y aún los de parapsicología, son relativamente nuevos desde el punto de vista científico.

Por ejemplo, ante un fenómeno como el de Uri Geller, los científicos, los parapsicólogos, etc., no se han puesto totalmente de acuerdo. Si en verdad hubiera realmente una ciencia de estudios psicológicos y parapsicológicos, sabríamos a qué atenernos.

Así, ante cualquier fenómeno físico o químico, los científicos ofrecen un conocimiento de la intimidad del mismo pero, si bien la materia es relativamente conocida, la mente no lo es. Su alcance no se conoce suficientemente y, sin embargo, el hombre se caracteriza por poseer mente. En sánscrito por ejemplo, «hombre» se dice como en inglés: «man»; y «Manú» es el hombre por excelencia, es decir, el que dirige hombres, el rey de hombres. Y se habla de «Maná» como el poder de plasmar con la mente cosas, el misterioso poder de Kriyasakti. Y se habla también de que el hombre está constituido en gran parte por el elemento «manas», es decir: «La mente». Para los Orientales, la mente es una suerte de puente o de elemento copulativo entre lo espiritual (purusha) y lo material (pakríti), que se encontrarían unidos y anudados por este elemento mental.

Platón también decía que Dios soñó primero el Universo (arquetipos) y, luego, éste se plasmó; y que nosotros, para poder plasmar las cosas, necesitamos llegar a nuestro propio arquetipo o logos, a nuestro propio mundo de lo inteligible.

Pero veamos: en un sentido más práctico, tenemos una tendencia a confundir la mente con la imaginación. ¿Qué es la mente en sí? Digamos que lo sabemos por experiencia, aunque no lo podamos definir de manera racional.

¿Y dónde termina la materia? No podemos anclarnos en una concepción tipo siglo XIX. No se trata de estudiar en primer lugar la materia, sino más bien nuestra capacidad de conciencia. Las cosas existen para nosotros en cuanto las concienciamos, en cuanto les prestamos atención. De ahí que, desde el punto de vista de la filosofía antigua, se sostiene que la mente es fundamental: participa de una parte material y de una parte espiritual. Para los antiguos indos «manas» tiene dos aspectos: uno no condicionado o «arrupa», y otro, condicionado o «rupa». Si situamos nuestra mente en aquello que es incondicionado, todo lo que está condicionado no nos toca, o nos toca relativamente. Si estamos aferrados a las cosas de la materia, todo nos afecta. El dominio de la mente es fundamental, para dominar la materia.

El primer punto a tener en cuenta es el dominio común de la mente sobre la materia, que sería el ejemplo del alfarero al que aludía antes. En cuanto al dominio fuera de lo común, necesitamos puntualizar que lo milagroso o extraordinario está limitado por nuestra propia posibilidad de captación.



El materialismo se debe a una alienación en la que, en base a los conocimientos técnicos conseguidos, todo se tiñe de materia, aún lo que es inmaterial. ¿Se puede, con el poder de la voluntad, llegar a doblar una cucharilla, si la mente maneja la energía? ¿No podemos con el calor, doblar un metal? Y hoy, sabemos que cosas que son inamovibles para ciertas formas de la materia, no lo son para otras formas de la energía. Sacamos entonces, por deducción, que podemos poner en movimiento fuerzas de la ­naturaleza que hagan que objetos inertes se comporten de manera atípica, es decir, de una manera no común.

Si de la misma forma que hemos desarrollado lengua o garganta, hubiéramos desarrollado la transmisión del pensamiento, ¿no podrían llegar a nosotros, como las palabras, los pensamientos? ¿Cuántos de nosotros no tenemos experiencia de, muchas veces, estar leyendo la mente del que está en frente? ¿de saber lo que está pensando? ¿Y cuántos de nosotros no han tenido la experiencia de saber cuándo a un pariente o una persona querida le pasa algo, y sentirlo como si hubiera sido en nosotros mismos? Es una prueba personal, tangible y objetiva, de la existencia de un mundo mental, de una dimensión en la cual se mueve la mente, porque si hablamos como dicen los Orientales­ de que además de cuerpo físico, tenemos un cuerpo psíquico, otro energético, y un cuerpo mental, cada uno de estos vehículos tendrá que moverse en una dimensión. Seria bueno conocer cómo es esa dimensión de la mente.

Nuestro mental es muy parecido al físico. El mundo físico no es más que un reflejo del mundo mental. Nuestro problema es que a veces no nos damos cuenta, porque el materialismo nos ha cegado, de que necesitamos cuidar ese mundo mental de la misma manera que cuidamos el mundo físico. ¿Quién dedica algo a su parte mental o superior? Así como el ejercicio de un músculo hace que ese músculo pueda tener una determinada fuerza, de la misma manera, si nosotros podemos manejar nuestros elementos mentales, podremos entonces tenerlos depurados. A veces decimos: «No tengo poder mental». Pero no cuidamos nuestra mente; no nos preocupamos de limpiar cada día nuestra mente, lavarla, alimentarla. Si el cuerpo físico se alimenta de cosas físicas, la mente se alimenta de ideas, pero si las alimentamos de ideas corruptas o de pequeñas ideas, lógicamente, la mente podrá apenas tenerse en pie. Si todos los días la alimentáramos y cuidáramos, tendría otra robustez, otra potencia, otra posibilidad.

Los orientales también enseñan que esta mente tiene vehículos inmediatos, que no serían la parte física, sino la parte energética. Enseñan que corren a través de nuestro cuerpo tres energías, que ellos llaman IDA, PINGALA y SUSUMNA. IDA y PINGALA serían las fuerzas positivas y negativas, masculinas y femeninas; SUSUMNA es una fuerza vertical. Las tres energías, debidamente coordinadas, permitirían la realización de esos fenómenos parapsicológicos que, para aquellos que han hecho estos estudios en el Lejano Oriente o que los poseen de manera natural, no tienen ninguna importancia.

Nuestra aplicación del poder de la mente sobre la materia debe darse, no tanto para realizar fenómenos más o menos impresionantes, sino para realizar un fenómeno mucho más humanístico, más personal.

El poder de la mente sobre la materia debe utilizarse para manejarnos a nosotros mismos, para no dejarnos arrastrar por nuestras pasiones, para no lloriquear nuestras enfermedades, para tener sentido de la voluntad, para memorizar lo que leemos, para atrevernos a dar un paso hacia adelante que nos mejore. Ese es el verdadero poder de la mente sobre la materia.

Es obvio que la materia se defiende con su inercia. Lo primero que hay que hacer, para el dominio de la mente sobre la materia, es hacer dos listas básicas: ¿Qué me gusta? ¿Qué no me gusta? Y todos los días, tratar de no entregarse a lo que nos gusta, haciendo una pequeña cosa de lo que no nos gusta; no decir, «abandono», «lo dejo», «desde ahora en adelante, mi mente triunfará sobre la materia». No, eso es estúpido, la materia es inteligente, sabe lo que quiere, sabe a dónde va, sabe de dónde viene, tiene su inteligencia. Antes, la llamaban «diabolismo». Si atacamos directamente nuestros defectos, nuestros defectos se transforman y nos engañan. Tiene que ser poco a poco. Y todo está según dónde ponemos la mente. Lo fundamental está en dirigir la mente, el poder de la imaginación que se torna fantasía cuando orea ideas circulares.

Debemos de controlar esa vida íntima de nuestro interior; tratar de dominar nuestra imaginación para que no se torne una fantasía como un pulpo enloquecido que nos arrastre ¿Cómo diferenciar lo que es propio de uno y del alma , de aquello que se le ha adherido, que se le ha pegado? Aquello que es propio del alma es aquello que dura mucho. Aquello que no dura mucho no es propio del alma.


¿Y qué es lo primero, pues, para conocer el poder de la mente sobre la materia, sobre nuestra propia materia?: hacer algo continuado, hacer algo que tenga un fin; no empezar mil cosas y no terminar ninguna; tratar de entender que todo el Universo va hacia alguna parte,  ¿acaso nos preguntamos en las noches, por qué caminan esos grandes batallones de hormigas? Sabemos que hay mil explicaciones, pero ¿por qué ese ansia de sobrevivir en todas las cosas? ¿Por qué ese ansia de vivir de las estrellas, de las hormigas, de los gusanos, de los hombres?

Porque todo el Universo marcha hacia alguna partePorque toda idea incluso, es como un ser vivo que trata de no morir, trata de vivir y de reproducirse.  Necesitamos tener básicamente ideas puras, sanas y fuertes. Y para ello, sí podemos hacer ejercicios mentales de concentración de la mente, de fijación de la mente, que nos ayudarán a tener un sano discernimiento.

Se trata de tener una nueva forma de ver las cosas…   Que cada uno de nosotros encuentre su montaña interior y, no solamente su montaña interior, sino también ese pasaje que va elevándose hacia la cumbre. Que cada uno de nosotros conozca también la soledad, que conozca un poco del frío interior. Que esa soledad y ese frío espiritual nos calmen la fiebre de nuestro caminar por el mundo. Todos tenemos problemas, todos tenemos angustias, todos tenemos ciertos sentimientos que nos abruman. Necesitamos un poco de paz, necesitamos un poco de descanso; necesitamos no ya un poco, sino un mucho de Fe.

¡FE EN DIOS! ¡FE EN NOSOTROS MISMOS! ¡FE EN QUE HAY ALGO MAS QUE ESTE MUNDO DE CARNE! ¡ FE EN QUE CUANDO MURAMOS, VAMOS A SEGUIR VIVIENDO! ¡FE, EN QUE NO ES TAL VEZ AHORA EL UNICO MOMENTO EN QUE NOS ENCONTRAMOS EN ESTA TIERRA!




Fragmentos de la Conferencia "EL PODER DE LA MENTE SOBRE LA MATERIA"
 JORGE ANGEL LIVRAGA RIZZI

viernes, 7 de octubre de 2016

Necesitamos Ejemplos vivos


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Necesitamos de nuevos mitos que nos iluminen, necesitamos de nuevos ejemplos vivos. Necesitamos otra vez correr con los otros, con el Quijote por los campos de Castilla. Necesitamos otra vez saber y conocer que podemos abatir a los gigantes y convertirlos en molinos de viento. Necesitamos sentir a nuestro lado a Leónidas gritando y asegurando que esta noche vamos a cenar con Plutón y que trescientos espartanos pueden oponerse a un millón de persas. Necesitamos otra vez estar con Gilgamesh, descender al fondo del océano, buscar la planta mágica de la inmortalidad que estaba allá desde antes del Diluvio. Necesitamos otra vez hurgar dentro de nosotros mismos para poder re-crear una nueva sociedad, una nueva patria formada por mujeres y hombres que sean mejores. Eso se lo debemos a los niños, no solamente a los niños que están ahora, sino a los que van a llenar las cunas que todavía están vacías; es nuestro deber histórico frente a la sociedad. Necesitamos sentir y expresar nuestra fe interior.


Un hombre se diferencia del animal porque tiene fe y porque tiene vida interior. Un hombre se diferencia de un animal porque sus ojos se llenan de lágrimas frente a un atardecer, porque puede leer una poesía y esa poesía puede ser comunicada a los demás. Un hombre se diferencia de un animal porque puede entender la música, porque puede transferirla. Un hombre se diferencia de un animal porque no le hace falta solamente el sexo, él puede amar más allá de todas las cosas. Un hombre se diferencia de un animal porque no impone la fuerza sobre la dignidad, sino que trata de ayudar a los más débiles para que se levanten. Un hombre se diferencia de un animal porque no solamente se arrodilla para buscar comida hociqueando en el suelo, sino que se arrodilla porque cree en Dios y en una fuerza superior que tiene dentro de sí y grita dentro de su pecho y dentro de su alma: ¡Dios existe!

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Fragmentos de una conferencia del Prof. Jorge A. Livraga – 1976